(Foto: Pixabay)
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Ante la polémica que se generó en las redes y los medios por los errores que tuvieron algunos docentes en su participación en el programa de televisión “Seguimos Educando”, creo que es importante destacar algunas reflexiones. En principio, es imposible imaginar que se desee evaluar la calidad de los maestros y maestras argentinas a partir de dichas situaciones.

Quedarnos en la crítica o burla del error es no mirar lo que está pasando hoy con la enseñanza de los aprendizajes que están recibiendo nuestros alumnos en épocas de pandemia. De los errores también se puede aprender.

Pero, en esta oportunidad, me gustaría mirar más allá, y pensar si el ejemplo que se está citando, no es una muestra de cómo los ministerios están acompañando a los docentes. Después de cien días y con los enormes presupuestos que tiene la televisión pública, ¿no debería haber mayor producción en las propuestas que se le presentan a los estudiantes como una alternativa a las clases presenciales? ¿Nadie revisa el material que sale por la pantalla todos los días a millones de alumnos? ¿Es una docente real o sólo se contrató a una actriz para que haga las veces de maestra? ¿Alguien realmente cree que ese tipo de programas, con tan baja producción, puede ser un recurso didáctico válido para extenderse durante toda la cuarentena?

La pandemia nos tomó de sorpresa a todos. Hubo que salir a dar clases con los recursos que teníamos, a los ministerios provinciales también los sorprendió; pero vamos a llegar a casi 150 días sin clases presenciales (según las palabras del ministro de Educación de la Nación en los medios). Lo que realmente parece increíble es que, a esta altura, no se hayan producido otros recursos que permitan llegar a los hogares argentinos con la calidad que las familias y los alumnos necesitan y se merecen.

El ejemplo de las y los docentes solos ante la presión que genera una cámara de televisión, refleja claramente a mi entender, la situación que viven cientos de miles de maestros y maestras a lo largo y ancho de nuestro país, que solos ante las pocas herramientas que tienen a su disposición hacen que el acto educativo pueda concretarse, a pesar de una pandemia que azota al mundo y de las múltiples dificultades existentes.

Todos deberíamos preguntarnos, ¿qué hacemos con lo que este año no se aprendió? ¿Qué vamos a hacer con las bajadas políticas que llegan en los materiales de los alumnos? ¿Cuál es la estrategia didáctica que se pensó para aquellos que no hay tenido acceso a ningún recurso? La respuesta no puede ser “pasan todos de año y luego se recuperarán los contenidos”. ¿Cómo se recuperarán? ¿Cuáles son las estrategias de acompañamiento pensadas desde los especialistas ministeriales para los estudiantes en esta situación?

Necesitamos que se comparta con toda la sociedad, un plan concreto indicando cuál será el camino que vamos a emprender. Llegaremos a 150 días, se llevaron a cabo muchas reuniones en los ministerios y aún desconocemos a qué conclusiones se han llegado.

El problema que atraviesa hoy el sistema educativo es mucho más profundo que los errores ocasionales de un posible docente. Bienvenido sea si esto genera el verdadero debate, el que más importa y, probablemente, el más trascendental para un país que pretende ponerse de pie. No perdamos nuevamente la oportunidad donde lo urgente, nos tape lo verdaderamente importante.

Diputado provincial por Juntos por el Cambio y ex subsecretario de educación de la Provincia de Buenos Aires.

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