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Sexo, fortuna y misterio: ¿Jeffrey Epstein era un espía?

Cuando se trata de Jeffrey Epstein, hay muy pocas cosas sobre las que se puede establecer algún grado de certeza. Nació en Brooklyn. No terminó la universidad. Trabajó en Wall Street. Tenía una fortuna personal de más de 500 millones de dólares, y casas en Manhattan, Nueva México, Florida y París. Un avión propio y una isla privada. Fue un pederasta que manejó una red de tráfico sexual infantil que servía a hombres poderosos de todo el mundo. Murió el 10 de agosto de 2019 en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York. Tenía 66 años.

Tejer estos mojones de información en busca de un relato coherente sobre Jeffrey Epstein se ha convertido en una tarea de tiempo completo para muchos. El gobierno de Estados Unidos, el periodismo, las víctimas y sus abogados, todos tantean en la búsqueda de datos que completen el retrato del hombre que hizo del secreto una máxima. La telaraña que urdió Epstein en torno a su vida y sus actividades ha probado ser tan eficaz que, aún muerto, lo sigue protegiendo.

Dentro de ese vasto mar de posibilidades, obviamente empiezan a aparecer posibles hipótesis y líneas exploratorias. Algunas con más sustento que otras. En el mundo híper acelerado de Wall Street, nadie sabía cómo Epstein, que parecía gozar de grandes cantidades de tiempo libre, había construido su imperio.

Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. (Foto: Netflix)

Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. (Foto: Netflix)

Hay algunos que apuntan que la hizo con un esquema Ponzi, o que lavaba dinero. Hay quienes afirman que hacía fiestas en sus residencias e invitaba a sus amigos poderosos, sólo para luego filmarlos violando menores de edad y después extorsionarlos. Y hay quienes dicen que hacía todo esto no solo para su ganancia personal, sino porque también era un agente de inteligencia. Más llanamente, un espía.

La teoría de que tanto Jeffrey Epstein, como su mano derecha, Ghislaine Maxwell, eran espías, tiene un punto de partida concreto. Está relacionado a uno de los mayores misterios de la saga Epstein, que es cómo logró evadir una severa condena a prisión en 2008.

Una investigación de 13 meses había logrado reunir testimonios de víctimas y testigos, como así también pilas de evidencia en su contra. Estaba todo dado para que Epstein fuera a la cárcel por abuso de menores, pero el fiscal de Distrito Sur de Florida, Alexander Acosta ‒luego funcionario de Trump‒ decidió llegar a un acuerdo con los abogados de la defensa.

Epstein terminó siendo condenado a sólo 18 meses de prisión, con un régimen tan laxo que le permitía entrar y salir prácticamente a voluntad. El acuerdo puso fin además a la investigación del FBI sobre otras víctimas.

Alexander Acosta, el fiscal que hizo el arreglo con los abogados de Epstein, y que luego fue funcionario del gobierno de Donald Trump./ AFP

Alexander Acosta, el fiscal que hizo el arreglo con los abogados de Epstein, y que luego fue funcionario del gobierno de Donald Trump./ AFP

Cuando Acosta fue entrevistado para convertirse en funcionario de Trump, le preguntaron si el tema Epstein iba a ser un problema. Acosta les explicó que accedió al trato porque le dijeron que “Epstein le pertenecía a inteligencia”. Esta información salió a la luz luego de la detención de Epstein en un artículo de la periodista Vicky Ward, que había cubierto el caso para la revista Vanity Fair.

Si bien la hipótesis de que Epstein y Maxwell eran agentes de inteligencia no ha pasado del terreno de la especulación, ha impulsado la publicación de un libro, Epstein: Dead Men Tell no Tales (Epstein: los muertos no hablan).

Espionaje para el siglo XXI

Escrito por los periodistas Dylan Howard, Melissa Cronin y James Robertson, el libro se publicó en diciembre de 2019, y hace una acusación explosiva: que Epstein y Ghislaine Maxwell eran agentes de la inteligencia militar israelí.

La fuente central para esta acusación es un personaje central en toda esta trama. Se trata de un supuesto ex agente de inteligencia israelí, Ari Ben-Menashe, quien actualmente vive en Montreal, Canadá. Nacido en Irán en 1951, Ben-Menashe habría trabajado para la inteligencia militar de Israel entre 1977 y 1987.

Tapa del libro Epstein: Dead Men Tell No Tales (cortesía de Melissa Cronin).

Tapa del libro Epstein: Dead Men Tell No Tales (cortesía de Melissa Cronin).

Israel niega que Ben-Menashe alguna vez haya sido un espía para el país. Sin embargo, en 1989 fue detenido de EE.UU. por violar un tratado referido al tráfico de armas. Israel en un principio buscó que admitiera la culpabilidad, a cambio de una generosa recompensa económica que estaría esperándolo cuando saliera. Ben-Menashe se negó, y empezó a hablar con periodistas de EE.UU. sobre sus actividades relacionadas a distintas operaciones. Luego de un año en prisión, fue liberado, luego de que el juez dictaminara que, en efecto, Ben-Menashe había actuado como un agente de Israel.

Según Ben-Menashe, fue el padre de Ghislaine, Robert Maxwell, quien los introdujo a ambos al mundo de la inteligencia en la década del 80, y empezaron a espiar para Israel. La operación que manejaban era, en esencia, una trampa para conseguir material comprometedor con el cual extorsionar a hombres poderosos de Estados Unidos.

Robert Maxwell, por su parte, también fue sospechado de ser un espía durante toda su vida. Empresario mediático y político, fue también un personaje con muchos puntos oscuros. Falleció en 1991, luego de desaparecer de su yate en el medio de la noche.

En 2003, el Foreign Office (el ministerio de Relaciones Exteriores de Inglaterra), hizo público el legajo que tenía sobre Maxwell. Allí se revela que el FO sospechaba desde hace varias décadas que era un posible doble agente, y hasta triple agente, con conexiones a la KGB, el MI6 y el Mossad.

Melissa Cronin, una de las autoras del ibro Epstein: Dead Men Tell No Tales (cortesía de Melissa Cronin).

Melissa Cronin, una de las autoras del ibro Epstein: Dead Men Tell No Tales (cortesía de Melissa Cronin).

“El hecho de filmar a estos hombres tendiendo sexo con menores era una parte de lo que hacían, sin duda. Yo estuve adentro del penthouse de Epstein en Manhattan, y había una sala de impresión conectada al centro de vigilancia, que tenía cámaras en toda la casa”, declara Melissa Cronin, una de las autoras del libro, en diálogo con Clarín vía Zoom.

“Lo que realmente quisiera que la gente entendiera es que ser un espía en 2020 es algo bastante distinto al estereotipo que nos construimos viendo series y películas. Se trata más acerca del intercambio de información sensible. Ellos cultivaban relaciones con figuras del mundo de la tecnología, de las armas, de la ciencia, de la física. La relación que este tipo de personajes tiene con distintos gobiernos es una relación más transaccional, donde la información se vende al mejor postor. Es posible que esto haya sido parte de la razón de la caída de Epstein, que llevó esto demasiado lejos. Esto también es resultado de la globalización, dónde pueden entrecruzarse estos personajes con distintos regímenes y gobiernos a los qu les interesa la información que tienen”, explica Cronin.

De esto último se desprende que Epstein no trabajaba exclusivamente para los israelíes. En el libro se plantea que Epstein tenía un vínculo muy estrecho con Arabia Saudita, el cual se forjó en la década del 80, y aseguran que están investigando además posibles conexiones con la inteligencia rusa.

En el libro se relata una escena singular que tuvo lugar en noviembre de 2016, de cara a las elecciones presidenciales de EE.UU.. Jeffrey Epstein voló en su jet privado a Riad, la capital de Arabia Saudita, y permaneció ahí hasta que Donald Trump fue proclamado ganador. En el aire queda la pregunta, de respuesta imposible, respecto a que si Epstein pensaba que una presidencia de Clinton podía complicarle las cosas.

Ghislaine Maxwell, la mano derecha de Jeffrey Epstein, a la que también se acusa de ser una agente de inteligencia. / REUTER

Ghislaine Maxwell, la mano derecha de Jeffrey Epstein, a la que también se acusa de ser una agente de inteligencia. / REUTER

“Si bien él era cercano a Bill Clinton, creo que Hillary era otra historia. Una fuente cercana a Ghislaine nos contó que ella tuvo una historia con Bill Clinton. Fue un romance corto, pero conociendo el historial de Hillary y su apetito por la venganza, no era descabellado pensar que pudiera llegar a causarle problemas a ambos” acota Cronin.

Los tres periodistas ya tienen prácticamente listo un nuevo libro, el cual saldrá a la venta en octubre. En este nuevo volumen, llamado Epstein Inc., prometen develar el origen de la fortuna de Epstein, y a su vez, exponer qué es lo que sabía el gobierno de EE.UU. sobre las actividades de Epstein.

“Pudimos acceder a una gran cantidad de documentos de la década del 90, que son la base de lo que vamos a contar en este nuevo libro. Vamos a presentar nuevos actores de esta saga que fueron muy importantes, y de los cuales muy poca gente ha oído hablar. Tal vez la revelación más importante es que vamos a mostrar que lo de Epstein no se circunscribía a ningún partido de Estados Unidos. No trabajaba ni para Clinton ni para Trump. Miembros importantísimos de ambos partidos sabían lo que estaba pasando, y ninguno hizo nada para frenarlo”, remata.

La magnitud de lo que hizo Epstein es tan gigantesco que a veces resulta difícil de creer. La misma Cronin afirma que hay veces que se tiene que repetirlo en voz alta porque las acusaciones son tan impresionantes. Es consciente del escepticismo que genera la cuestión. El reciente documental de Netflix sobre Epstein no hace ni una mención a esta hipótesis, y ninguno de los grandes medios de EE.UU. le ha dedicado cobertura al tema.

"El problema más evidente es la pregunta que hacen todos: ¿dónde están las pruebas? ¿Dónde están las fotos de Epstein en Israel haciendo entrenamiento o ejercicios? Por supuesto que es un problema no tener evidencia dura más allá de lo circunstancial, y las acusaciones y alegatos de ciertas personas, pero eso es un poco lo que sucede cuando uno trata con el espionaje”, ofrece como explicación.

Como corolario queda tal vez una revelación sobre la persona misma de Epstein. Frente a la fama de inversor brillante y genio matemático que inundaron todas las crónicas sobre su persona, Cronin ofrece una perspectiva un poco divergente.

“Hablamos con algunos de sus compañeros de la primaria y la secundaria. Lo pintan como alguien muy ambicioso, que quería hacer cosas grandes e importantes. Fue al secundario en un entorno de mayor estatus económico, donde él era uno de los chicos pobres. Lo curioso es que mucha gente que lo conoció de adulto nos dijo que, en realidad, no era tan brillante. Que mucho de lo que se dijo está un poco inflado. Podía hilar tres frases juntas, pero a la cuarta tenía que salir corriendo. Creo que Ghislaine, por otra parte, es brillante”, explica.

¿Cómo hizo entonces este hombre aparentemente de pocas luces para impresionar a algunas de las mentes más brillantes de la época?

Cronin tiene una teoría. “Yo estudiaba en Harvard alrededor de la época en que Epstein rondaba los círculos académicos y científicos, Conozco ese mundo, cómo piensan, y cómo se comportan. Todos ellos eran nerds del secundario. Si alguien viene y les ofrece volar en su avión privado e ir a su residencia privada en una montaña, es algo que a ellos también los cautiva y los impresiona. No importa la altura intelectual que tengan, todos son vulnerables a ese tipo de gestos”.

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