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Argentina

Son dragones con saliva venenosa, pero eso podría no bastar para alejar a los turistas

Parte de la marina de Labuan Bajo (Adam Dean para The New York Times)
Parte de la marina de Labuan Bajo (Adam Dean para The New York Times)

PARQUE NACIONAL DE KOMODO, Indonesia — El dragón de Komodo, un lagarto de 3 metros, nativo de unas islas en Indonesia, sacudió su lengua bífida. Dos niños estaban parados cerca de él; eran del tamaño perfecto para un bocadillo de dragón.

Un guía local ignoró su nerviosismo y los exhortó a acercarse más al reptil.

Los dragones de Komodo parecen dinosaurios que no alcanzaron a extinguirse. Son capaces de oler sangre a kilómetros de distancia y comen búfalos de agua, ciervos y también a otros dragones de Komodo. Su saliva tiene veneno. Las hembras son tan poco sentimentales que en ocasiones devoran a sus crías recién salidas del cascarón.

Los ataques mortales del animal contra los humanos son extremadamente raros, aunque sí ocurren. Sin embargo, la lagartija gigante recostada al lado de los dos niños turistas acababa de comer carne de pollo y cabra, y seguía en un estado de estupor digestivo.

Por eso el guía le aseguró a una familia que no había problema con que se acercara para tomarse una fotografía con el predador alfa, uno de los tan solo tres mil dragones que quedan en el mundo.

Los turistas vienen al Parque Nacional de Komodo —que se extiende a lo largo de varias islas al sur del océano Pacífico— a ver a los dragones y también a observar la emocionante vida marina: los buceadores con tanques de oxígeno o con esnórquel comparten el agua con tortugas y mantarrayas.

Muchos turistas quieren ver a los dragones de Komodo y también acercarse a la vida marina (Adam Dean para The New York Times)
Muchos turistas quieren ver a los dragones de Komodo y también acercarse a la vida marina (Adam Dean para The New York Times)

Sin embargo, al igual que otros destinos turísticos en el mundo, desde Venecia hasta las islas Galápagos, el parque está en riesgo de que su propia popularidad lo lleve a la ruina. El enorme arribo de turistas está amenazando a los mismos animales y a la belleza virgen que atrae a la gente a ir hasta allá.

Aunque el turismo de Komodo genera ingresos importantes para una de las regiones más pobres de Indonesia, también ha traído consigo pilas de basura, intrusión humana y el ocasional contrabando de lagartos.

A algunos ambientalistas les preocupa que la estampida de visitantes desequilibre el ecosistema. Dicen que los dragones deberían alimentarse de ciervos y cerdos, en lugar de los pollos y las cabras que les avienta un guardabosques desde la parte trasera de un camión.

En general, el número de turistas extranjeros que visitaron todo el parque nacional, un sitio considerado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, se ha duplicado desde 2015, y el número de visitantes nacionales se ha quintuplicado. Ahora el parque está incluido en las escalas de los circuitos de cruceros, por lo que todos los días desembarcan miles de personas ahí.

Un dragón rodeado de turistas en el Parque Nacional de Komodo (Adam Dean para The New York Times)
Un dragón rodeado de turistas en el Parque Nacional de Komodo (Adam Dean para The New York Times)

Los dirigentes provinciales, preocupados por la embestida de visitantes en esta remota parte de Indonesia, quieren cerrar la isla de Komodo, donde habita la mayor población de dragones —y donde los cruceros atracan— para enero de 2020. El acceso a la isla estaría prohibido durante al menos un año.

Renunciar a los ingresos del turismo no es una decisión fácil para una región tan pobre, pero los funcionarios dicen que es fundamental para el futuro del parque.

"Si no les damos a los dragones su hábitat, se extinguirán en los próximos cincuenta a cien años", dijo Yosef Nae Soi, vicegobernador de la provincia de islas menores de la Sonda oriental (Nusa Tenggara Oriental), que incluye las islas que conforman el Parque Nacional de Komodo.

No obstante, el plan se ha visto frustrado por el gobierno nacional de Indonesia, que tomará la decisión final este año, según dijeron funcionarios del Ministerio Nacional de Medioambiente y Bosques.

Además, mientras los funcionarios locales se proponen cerrar la isla de Komodo, el gobierno federal ha dado a conocer un plan para crear diez "nuevos Balis" a lo largo de esta nación formada por un archipiélago. Se espera que este plan repita el éxito de la isla vacacional más famosa de Indonesia, que también enfrenta las serias consecuencias del sobreturismo.

Turistas en la isla de Padar, en el Parque Nacional de Komodo (Adam Dean para The New York Times)
Turistas en la isla de Padar, en el Parque Nacional de Komodo (Adam Dean para The New York Times)

"Indonesia necesita diversificar sus destinos turísticos", afirmó Guntur Sakti, vocero del Ministerio de Turismo del país.

Uno de los diez nuevos Balis es Labuan Bajo, un descuidado pueblo portuario en la cercana isla de Flores que es la puerta de entrada al Parque Nacional de Komodo.

Dos de las pocas opciones que los lugareños ahora tienen para subsistir, desde que su forma de vida dedicada a la pesca y a la caza se vio restringida debido a la creación del parque en 1980, son trabajar como guías de las caminatas en el hábitat del dragón o atender tiendas de recuerdos.

Sin embargo, la mayoría de los 300 millones de dólares que el turismo inyectó en la región no llegaron a los lugareños, explicó Shana Fatina, directora del Consejo de la Autoridad Turística de Labuan Bajo, que está tratando de asegurarse de que una mayor cantidad del gasto se dirija a los bolsillos de los que viven en la región.

"No queremos que las comunidades solo sean una cuestión secundaria, sino que se conviertan en el centro de atención", dijo Shana. "Queremos educar al público para que sepan que ir al Parque Nacional de Komodo no es como ir a un parque de diversiones".

Diferentes especies comparten el agua durante un buceo en el Parque Nacional de Komodo (Adam Dean para The New York Times)
Diferentes especies comparten el agua durante un buceo en el Parque Nacional de Komodo (Adam Dean para The New York Times)

La nación de Bután, en la cordillera del Himalaya, ha evitado algunos de los males del turismo en masa al imponer mínimos de gasto diario, una solución efectiva, aunque elitista, pues garantiza que solo los ricos puedan experimentar los encantos del país.

Algunos funcionarios provinciales de Komodo creen que el precio de ver en persona al lagarto más grande del mundo debería subir al menos a 500 dólares, un aumento considerable a los aproximadamente 10 dólares que ahora se pagan por entrar al parque.

Otra nación asiática ya tuvo éxito con el experimento de cerrar por completo el acceso a un sitio de belleza natural a fin de conservarla: la bahía Maya de Tailandia fue cerrada de manera indefinida a los turistas el año pasado (el lugar se volvió famoso en parte por la película de Leonardo DiCaprio La playa). Buena parte de los coloridos arrecifes de coral habían sido diezmados con la llegada diaria de miles de turistas.

Ahora, los tiburones han regresado al área y el coral se está regenerando, dijeron autoridades tailandesas.

Un centro comercial cerca de la playa Kuta de Bali (Adam Dean para The New York Times)
Un centro comercial cerca de la playa Kuta de Bali (Adam Dean para The New York Times)

En Komodo hay otra cuestión pendiente: si se cierra el acceso, esa decisión afectará también a las personas que han vivido desde hace siglos con los dragones. Deberán ser reubicadas, de acuerdo con las autoridades locales.

Aunque Yosef, el vicegobernador, cree que el asunto de los humanos no debe ser una preocupación. "La isla de Komodo es para el dragón de Komodo", dijo. "Necesitan un espacio amplio para habitar, donde no haya humanos".

Si la gente se rehúsa a ser reubicada, "será su propia culpa si los Komodo se los comen", indicó. "Esta es nuestra ofrenda al Komodo".

Sigue a Hannah Beech en Twitter: @hkbeech

Muktita Suhartono colaboró con este reportaje desde Yakarta, Indonesia.

*Copyright: c. 2019 The New York Times Company

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