Argentina

Un mal para el cual ya existe una vacuna

Así como el Covid 19 resultó global, el riesgo a sucumbir a las corrientes que son indiferentes al acceso a una educación de calidad y adaptada a este tiempo, o relativizan su importancia, también lo es

La teoría económica ha demostrado la importancia de la educación para el crecimiento económico, y consecuente reducción de la pobreza (REUTERS/Eddie Keogh)
La teoría económica ha demostrado la importancia de la educación para el crecimiento económico, y consecuente reducción de la pobreza (REUTERS/Eddie Keogh)

Si usted está leyendo este artículo, y al finalizar entendió el contenido, usted no es población de riesgo. Puede tener más de 60 años, ser diabético, o tener EPOC. Pero está a salvo del riesgo al cual me voy a referir en este artículo.

Un riesgo complicado como muchos otros. Pero que, por tener un avance lento y silencioso, no ocupa los titulares de ningún medio. Es más, algunos se aprovechan de él para vender programas cada vez más lamentables, en los que los participantes discuten y opinan acerca de temas diversos y, a falta de argumentos reemplazan fundamentos por insultos. Un riesgo que, a diferencia del Covid-19, es particularmente complejo e irreversible cuando se lidia con él a edad temprana.

Seguramente ya sabe a qué me refiero. Al riesgo de no saber leer correctamente, de no interpretar un texto, de no entender la ironía. Al riesgo de no tener la cabeza lo suficientemente abierta para pensar más allá, para cuestionarse, para dudar, para reinventarse. Al riesgo de no poder aprender nuevas cosas porque nunca se hizo de chico el enorme esfuerzo de aprender. Al riesgo de depender de otro porque no nos podemos valer por nosotros mismos, en un mundo cada vez más complejo, donde hasta para operar las claves de un cajero automático hay que saber qué es͞ “alfanumérico͟” y para responder el Captcha, dependiendo de la imagen, hay que tener un ojo razonablemente entrenado a diferentes grafías.

La economía de un país que, en el siglo XXI descuida la educación, está condenada al estancamiento y posterior retroceso

¿Por qué lo considero un riesgo tan peligroso? Porque se trata de un problema que afecta no sólo el bienestar material de la gente, sino fundamentalmente su libertad. Y la libertad es lo que hace que el ser humano se adueñe de su destino, y lo forje a su voluntad.

La economía del conocimiento es precisamente el grupo de actividades que pueden desarrollarse a partir del uso intensivo del intelecto humano. Los desarrollos científicos, la creatividad artística, las investigaciones médicas, las tecnologías innovadoras, la ingeniería informática, etc. El común denominador de esto es el cerebro. El cerebro alimentado desde la concepción (y particularmente en los dos primeros años de vida, dado que de lo contrario se producen limitaciones irreparables), estimulado tempranamente, y educado.

La teoría económica ha demostrado la importancia de la educación para el crecimiento económico, y consecuente reducción de la pobreza. Trabajos del Banco Mundial han probado que una variable fundamental en la determinación de las oportunidades de una criatura es el nivel de educación de la mamá. Por ello países como China e India han invertido mucho en educación de calidad, haciéndola exigente, extensiva e inclusiva, dándole particular importancia a la matemática, los idiomas y la comprensión de los textos.

Así como el Covid 19 resultó global, el riesgo a sucumbir a las corrientes que son indiferentes al acceso a una educación de calidad y adaptada a este tiempo, o relativizan su importancia, también lo es. Por eso hay que estar alerta.

La brecha educativa de hoy es, sin duda alguna, la desigualdad de los ingresos del mañana. Y determina el crecimiento del nivel de pobreza

El riesgo está presente en un país como Argentina, en el que aproximadamente un 50% de los chicos no termina la secundaria en tiempo y forma, y en el que, si bien el gasto en educación se acerca al 6% del PBI ( lo que no está tan mal en términos de comparación internacional), los malos resultados evidencian que el problema es la eficiencia con la que se invierte. ¿Será que los docentes de alma y vocación trabajan demasiado (me consta) y entregan su representación a quienes nunca estuvieron frente a las aulas, nunca sacudieron de su ropa el blanquecino polvo de la tiza, ni tuvieron la enorme alegría de ver triunfar a sus alumnos? ¿Será que en lugar de priorizar a los chicos, y trabajar por una educación de calidad la discusión gira cada año en torno a cómo evitar el paro?

El riesgo está presente también en creer que menor cantidad de días de clase, menores exigencias, menor esfuerzo requerido ayudan a la inclusión cuando en realidad son el pasaporte a ser completamente excluido.

El riesgo de esta confusión llega también desde países desarrollados en los que notas de opinión y artículos varios afirman la irrelevancia de la educación universitaria, y pregonan su fácil sustitución por cursos de pocos meses, desarrollados por empresas (tecnológicas en general), para formar a los jóvenes de acuerdo a las habilidades que ellas mismas necesitan. Por el contrario, no se escuchan las voces que afirman que la universidad se orienta a desarrollar el intelecto y el potencial de una persona para permitirle que en un mañana tenga la posibilidad de elegir entre una corporación o muchas otras, entre un país u otro, entre una actividad u otra, o entre trabajar para una empresa de un tercero o fundar una propia.

Países como China e India han invertido mucho en educación de calidad, haciéndola exigente, extensiva e inclusiva, dándole particular importancia a la matemática, los idiomas y la comprensión de los textos

Si realmente queremos un país mejor y nos conmueve la pobreza, su transferencia intergeneracional, y su impacto sobre el bienestar de la persona, no podemos desconocer o ser indiferentes a estos riesgos. Pero la buena noticia es que la vacuna existe. Se llama educación.

La brecha educativa de hoy es, sin duda alguna, la desigualdad de los ingresos del mañana. Y determina el crecimiento del nivel de pobreza. Por más subsidios o asignaciones que reciban aquellos que no fueron educados, nunca podrán alcanzar los ingresos, ni la calidad de vida de los que sí fueron educados. En esta secuencia, los únicos que quizás terminen beneficiados serán aquellos cuyo nivel de ingreso se correlaciona directamente con la cantidad de pobres.

En cuanto a la tecnología, en principio no podemos dar por seguro que todos tienen la posibilidad de acceder a ella. En hogares en los que no hay cloacas o agua potable, difícilmente haya una buena conexión a internet o una computadora en la que puedan descargarse materiales elaborados recientemente.

También debemos reconocer que la tecnología no puede reemplazar al docente cercano. No es casual que recordemos tanto a nuestros primeros maestros. No fue seguramente por esos primeros contenidos que nos enseñaron, sino porque nos hicieron sentir capaces de aprenderlos. Porque acompañaron nuestra mano escribiendo las primeras letras. Porque nos ayudaron a ubicar los números en el espacio inmenso del cuaderno, para hacer una suma. Porque nos dieron afecto, ese mágico ingrediente que todos necesitamos para ser mejores personas y para motivarnos a aprender.

Por más subsidios o asignaciones que reciban aquellos que no fueron educados, nunca podrán alcanzar los ingresos, ni la calidad de vida de los que sí fueron educados

¿Por qué una economista habla de éstas cosas? Primero porque amo y respeto profundamente la docencia no sólo como vocación y actividad, sino por el poder transformador que tiene la educación en la vida de la gente y en el destino de los pueblos. Como dije antes, la educación es clave para el ejercicio responsable de la libertad y para la obtención de logros qué, por haber requerido esfuerzo y sacrificio se disfrutan mucho más.

Segundo, porque la economía de un país que, en el siglo XXI descuida la educación, está condenada al estancamiento y posterior retroceso. Y la calidad de vida de la mayor parte de la población en un país cuya economía no crece, no puede ser buena. Porque lo único que se puede repartir si no se genera riqueza, es pobreza. Y para ver las preferencias de la gente, una rápida mirada a los movimientos migratorios es suficiente. El dejar el país de origen para llegar a otro (ponderados por los riesgos de la travesía) son un termómetro objetivo de los niveles de bienestar. Así como fueron muchos los habitantes de Cuba que se subieron a endebles balsas para llegar a las costas de EEUU, no conozco gran cantidad de suecos, canadienses o australianos que se radicaran a lo largo de los últimos años en Venezuela.

Tercero, porque muchos problemas que nos afligen en este tiempo encuentran en la educación un límite y un remedio. La delincuencia, la violencia, las adicciones, el maltrato hacia la mujer y los niños, la falta de respeto y también la profunda tergiversación de los valores.

Trabajos del Banco Mundial han probado que una variable fundamental en la determinación de las oportunidades de una criatura es el nivel de educación de la mamá

Como todo el resto de las cosas, la educación también debe adaptarse a este tiempo y a las particulares circunstancias de nuestro país. Debemos procurar que la burocracia sistémica tenga un requerimiento de tiempos cada vez menor, y la capacitación permanente de los docentes y directivos un protagonismo mucho mayor.

Si queremos tender a una sociedad inclusiva y menos desigual, debemos incentivar con buenos sueldos y excelentes condiciones laborales a los mejores docentes, aquellos más capacitados y fuerte vocación y destinarlos a escuelas a las que asistan niños que provienen de familias más vulnerables. Docentes con sólida formación, capaces de detectar problemas de aprendizaje y acompañados por equipos interdisciplinarios que puedan remediar tempranamente dificultades cognitivas y emocionales. Es en aquellos lugares en los que la necesidad y las carencias son mayores en los que la educación de calidad se hace imprescindible para dar al menos alguna chance de cambiar la historia. En la medida en que se destinen menos recursos a profesionales de la protesta (que no defienden ni a quienes trabajan de verdad ni a los niños) habrá mucho más para retribuir a quienes de verdad ejercen esta noble vocación.

El virus de la ignorancia es letal. Para nosotros y para las próximas generaciones. Podrán quitarnos muchas cosas, pero al menos que no nos quiten la libertad que nos da la educación y el poder pensar por nosotros mismos.

La autora es economista y Decana de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA

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