Argentina

Una mudanza, un océano de por medio y un mes a puro llanto: el fallido primer amor de Matías Alé

En diálogo con Teleshow, el actor recordó los primeros enamoramientos de su vida y contó cómo terminó cada una de esas historias

Matías Alé (Instagram: @matiale77)
Matías Alé (Instagram: @matiale77)

No existe nadie que, teniendo un corazón latiente, alguna vez no haya sufrido por amor. Sin embargo, lo de Matías Alé parece ser demasiado prematuro. Desde que se convirtió en una figura pública, el galán ha vivido los más variados y apasionados romances que se hubiera podido imaginar. Pero, según le confesó a Teleshow, antes de su llegada a los medios e, incluso, antes de tener uso de memoria, se enamoró perdidamente de alguien a quien el destino quiso que no viera nunca más...

—Hablemos de tu primer amor...

—Yo nací en el año ’77 y, en el ’78, con mi papá y mi mamá nos fuimos a vivir a Tenerife, en las Islas Canarias. Y en el ’79, cuando cumplí los dos años, me enamoré perdidamente de una galleguita de España que se llamaba Rebeca. De hecho, tengo una foto en la que le estoy tirando un besito mientras estamos soplando las velitas de la torta. Yo no me acuerdo mucho, la verdad, pero mi vieja me cuenta que lo nuestro era amor puro.

—¿Cómo la habías conocido?

—Mis viejos tenían la concesión de un barcito en una especie de mini golf. Y a ella la trajeron unos amigos que habían conocido ahí. Según mi vieja, cuando la vi morí de amor. Nos dimos un besito, nada más, y así estuvimos un año. Pero después, cuando nació mi hermano en el ’80, nos volvimos para la Argentina con mi familia. Y dicen que lloré un mes entero en Buenos Aires porque la extrañaba...

—¡No te puedo creer!

—Sí, sufrí muchísimo. Ese fue mi primer gran amor, aunque yo no me acuerdo mucho.

—¿Y el primero del que sí tenés recuerdos?

—Fue cuando estaba en cuarto grado del colegio Don Jaime. Ahí conocí a una chica que se llamaba Jimena, no voy a decir el apellido para no exponerla, y me enamoré. Me acuerdo que un día le llevé un chocolate. Y, como en ese momento en el patio estábamos separados varones de mujeres, junté coraje para pasar del otro lado y llevárselo.

—¡Qué tierno!

—Sí, pero no me salió bien...

—¿Por qué?

—Porque cuando le dí el chocolate, ella lo agarró, lo miró y lo tiró al piso...¡Te lo juro! Ese fue mi primer desamor. Pero al año, cuando empezamos a ir a los famosos asaltos en los que los varones llevaban las bebidas y las mujeres la comida, medio como que estuvimos de novios.

—O sea que no te diste por vencido...

—No, yo estaba re enamorado . Así que seguí insistiendo. Hasta que ella se dio cuenta de que, realmente, me encantaba. Y ahí empezamos a salir, por decirlo de alguna manera. Pero lo único que hacíamos era caminar de la mano. Yo iba a la casa y conocía a su familia. Y nos llevábamos muy bien. Pero no nos dábamos besitos ni nada: éramos muy inocentes.

Matías Alé
Matías Alé

—¿Le seguiste regalando chocolates o cambiaste la estrategia?

—La acompañaba a todos los lugares a dónde ella me invitaba, como cuando se hacían las fiestas en el Club Regatas. Y también le dejaba cartitas en el banco del colegio. Esa cosas.

—¿Tu mamá qué decía de este noviazgo?

—Yo la torturaba todos los días contándole de Jimena. ¡Y ella se reía! Me decía que la invitara a casa, pero yo no me animaba.

—¿Por qué?

—¡Ya no me acuerdo! Creo que me daba vergüenza, porque en casa estaba mi mamá, mi papá, mi hermano y yo no sabía cómo comportarme...Pero ella fue mi segundo gran amor.

—¿Cuánto duró esta relación?

—Dos años y pico o tres años. Después, cuando terminé séptimo grado, con mi familia nos mudamos de Bella Vista a Capital Federal y ya no nos pudimos ver más.

—¡¿Otra vez una mudanza que te rompe el corazón?!

—Más o menos, sí (se ríe).

—Ya de adolescente, ¿te acordás cuál fue la primera novia con la que tuviste algo más que un apretón de manos?

—Sí. Yo veraneaba en Miramar todos los años. Y ahí, a los trece años, conocí a una chica hermosa que se llamaba Anabella. Era como un amor de vacaciones: yo apenas llegaba me encontraba con ella. Después, durante el año, no nos veíamos. Pero en el verano íbamos juntos a los balnearios, a los boliches, al cine...Me acuerdo que fuimos a ver la película Robin Hood, la de Kevin Costner.

—Ahí me imagino que le habrás dado algún besito, ¿no?

—Claro. Fuimos de la mano, porque yo soy muy de ir de la manito, al cine Atlántico que quedaba en la calle 9 de Julio, la peatonal. Y me acuerdo que en la película pasaban el tema Brian Adams, así que nos dimos algunos besitos ahí. También en la playa o cuando salíamos a caminar a la noche. Fue una linda historia.

—¿Y por qué se terminó?

—Porque, como no nos veíamos durante el año, después terminamos haciéndonos amigos. De hecho, hoy en día nos seguimos viendo. Ella es amorosa y tiene una familia preciosa. Así que en el verano, si voy a hacer temporada a Mar del Plata, a veces me hago una escapada hasta Miramar para merendar con ella. Y nos llevamos muy bien.

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