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Cuba

“Jineterismo virtual”, otro modo de escapar

cuba internet prostitución
El ardid picaresco de hacer amigos en Facebook que lo ayuden a recargar el móvil. Recorte de una publicación

LA HABANA, Cuba. – Dedica más de tres horas diarias a su perfil de Facebook y no son pocas las madrugadas que apenas duerme por chatear en Whatsapp. Se sumerge en interminables conversaciones con hombres y mujeres a los que ha conocido solo a través de las redes sociales. “Todos son yumas (extranjeros)”, dice, y confía en que alguno o alguna, con el tiempo, se decida a sacarlo de Cuba o al menos a hacerle una visita de la que pudiera surgir o ganar “algo más” que afecto.

Aunque el joven Diosbel tiene empleo como contador en una empresa estatal, cuenta que el salario que gana, unido al dinero extra que consigue con algunas artimañas de su labor, no le es suficiente para cubrir los gastos del mes, así debe recurrir al ardid picaresco de hacer “amigos” en Facebook que lo ayuden a recargar el móvil y que incluso, de vez en cuando, le “tiren un salve” con regalos.

“Uno me mandó el celular y hay otro que me manda 80 o 100 dólares a veces (…), dice que va a venir a Cuba en fin de año para conocerme, así que, si Dios quiere, el año que viene se acabó el sufrimiento porque le voy a hacer un buen trabajo”, responde el muchacho mientras ríe y no deja de teclear en su móvil o de tomarse las fotos que quizás alguien le pide desde algún rincón lejano del ciberespacio.

En el mismo barrio habanero que Diosbel vive Yesenia, una joven recién graduada de enfermería que ha acudido a las redes sociales con el propósito de conseguir ayuda económica pero, como revela en la conversación, más para labrar poco a poco la huida por medio del matrimonio con un extranjero, algo que le evitará otras vías de escape riesgosas como el atravesar las selvas de Centro América o lanzarse al mar en una embarcación improvisada, dos alternativas que aunque parezcan humildes, en el contexto cubano requieren de una cantidad de dinero con la que muchos no cuentan en la isla.

“Tengo que aprovechar que soy joven y nada fea” dice entre risas y nos enseña las fotos que recién ha enviado a un amigo italiano con el que ha comenzado una relación virtual donde se sobran promesas y expectativas de ambas partes.

“Estudié por hacer algo y poner contentos a mis padres pero yo no quiero hacer lo mismo que ellos, quedarme aquí a hacer cola para esto, cola para lo otro y al final, nada, ni siquiera te alcanza el salario para un helado, prefiero invertirlo en internet (…), la gente me dice que como enfermera puedo salir de misión (ser contratada en el extranjero a través de un convenio del gobierno) pero yo no quiero eso, yo quiero viajar, disfrutar y que lo que gane sea mío, no quiero que toda la vida me echen en cara que me hice enfermera gracias a la revolución, y eso de qué me sirve, ¿de qué? (…), mis amigas que no estudiaron por estar conectadas en Facebook todo el día hoy viven en España, en Estados Unidos y yo fui la idiota”, dice Yesenia que aunque sonríe exterioriza un poco de ira.

Tanto Diosbel como Yesenia están entre esos miles de jóvenes cubanos que en los últimos años han visto cerrarse progresivamente casi todas las opciones de emigrar y, hallándose en una situación económica difícil, entonces ensayan una solución en el uso de las redes sociales y los sitios de chateo donde emplean en conectividad casi la totalidad de lo que ingresan en el mes, a pesar de que no siempre se navega con el éxito esperado pero que, según ellos mismos afirman, les ahorra el tiempo de tener que pararse a diario en una esquina, exponerse a los chantajes de la policía y la manipulación de proxenetas, mientras aguardan por ese turista o paseante que pudiera cambiarles la vida.

“De no haber llegado esto de la internet, hoy habría miles de jóvenes en las esquinas, buscando en la calle lo que hoy es más fácil encontrar en las redes sociales (…). Aun así los hay por miles, sobre todo los fines de semana, pero sin dudas serían más (…), y el internet ha sido la vía de escape de muchos, a pesar de ser costoso (…). Ya sea en busca de una beca, de un contrato de trabajo o de una relación, y esto último es lo más frecuente (…). Son muy raros los jóvenes que en Cuba no piensan en irse algún día. El que te diga lo contrario, o es un idiota o te está metiendo un cuento”, dice Ariel, un joven informático que, además de ser instructor en un Joven Club de Computación administrado por la Unión de Jóvenes Comunistas, trabaja de manera independiente y clandestina como reparador y vendedor de teléfonos, televisores y computadoras pero, además, haciendo “amistades” en internet que pudieran ayudarlo a emigrar.

Les ahorra el tiempo de tener que pararse a diario en una esquina mientras aguardan por ese turista o paseante que pudiera cambiarles la vida.Foto P. Chang

“Jineterismo virtual, así le llamaba un profesor que tuve. Cuando estudiaba en la UCI (Universidad de Ciencias Informáticas) había estudiantes que pasaban la madrugada chateando, ponían anuncios en las páginas de encuentros, subían fotos, videos, y así hacían su dinerito (…) porque había gente que venía de provincia y no tenía nada, pasaban trabajo y ese era su modo de escapar (…), cuando pasé el servicio (militar) igual, allí no dejaban tener celulares pero los entrábamos a escondidas y el que no, salía por las noches para el Bim Bom (una esquina del Vedado) a hacer lo suyo (…), antes eso era mal visto pero ya desde hace mucho tiempo no es así, y menos cuando lo haces por internet, mucha gente lo hace porque es parte de la lucha y no lo ven como prostitución, es luchar”, asegura Ariel.

“No me imagino cómo serían las cosas hace cinco o diez años atrás pero la verdad es que tener internet ha salvado a mucha gente de tener que salir a la calle a prostituirse”, comenta Maraydis, una joven que no oculta que usa sus cuentas de Facebook e Instagram para ofrecer, de un modo no tan evidente, algunos servicios entre lo terapéutico y lo sexual.

“Es muy caro acceder a internet en Cuba, claro que sí, pero es útil (…). No solo me ahorro tener que caminar y caminar horas y horas (…) sino que me permite hacerlo desde mi (puesto de) trabajo, en definitiva no hay nada que hacer, solo cumplir con un horario para cobrar un salario (…). Yo perdí mucho tiempo con la bobería esa de estudiar, al final para nada. Tengo amigas que ni siquiera terminaron el pre (enseñanza preuniversitaria) y que lo único en que pensaban era en ir a conectarse a la wifi, si tenían un dólar no comían por conectarse pero así lograron lo que querían, yo las admiro”, comenta Maraydis y al mismo tiempo se lamenta por no haber comenzado antes en esa búsqueda de amigos por internet, algo que ha llegado a considerar como un segundo oficio, quizás el principal, teniendo en cuenta los beneficios que le pudiera rendir en el futuro.

De igual modo lo asume el joven Daniel, que abandonó los estudios universitarios para dedicarse por completo a “cultivar sus amistades” en el espacio virtual.

Antes de abrirse la cuenta en Etecsa y adquirir una línea móvil, debió esforzarse casi dos años para ahorrar peso a peso con el fin de comprar un teléfono que lo aliviara en su rutina de salir por la noches a cazar turistas en el Vedado, algo que venía haciendo desde los 15 años, fundamentalmente por comprar la ropa de moda que tanto necesitaba para encajar en el grupo de amigos pero que no podían proporcionarle sus padres, ya de por sí angustiados con los asuntos de la alimentación y los estudios de los hijos.

“Salía del pre por la tarde, me daba un bañito y a veces sin comer nada me iba para el Vedado a ver qué hacía, incluso cuando tenía prueba (exámenes) al otro día, me llevaba el resumen para estudiar mientras estaba sentado en el malecón o parado en una esquina (…), a veces eso hasta me ayudaba porque se me acercaban más yumas, les daba como lástima, morbo, qué se yo (…), pero esa tanda (rutina) todos los días me puso así de flaco y al final terminaba matando (prostituyéndose) por 5 o 10 pesos (…). Dejé la facultad y me puse a trabajar en un agro hasta que me compré el teléfono con lo que fui ahorrando y puse la línea (…), fue como una inversión, ya no tengo que salir todos los días, solo cuando estoy pasmao (sin dinero) pero todas las jugadas las cuadro por Whatsapp o por Facebook y hasta me recargan de afuera y me mandan mis cosas”, cuenta Daniel.

Con planes de telefonía celular entre los más caros del mundo ‒y con pocas garantías de privacidad y de conectividad eficiente‒, parecía que en Cuba el uso de internet quedaría restringido a un pequeñísimo porcentaje de la población económicamente solvente, pero la imperiosidad de estar conectados en medio de una realidad político-económica que se torna cada vez más cruda e impredecible, ha transformado un simple perfil en una red social o una cuenta de chateo en verdaderas tablas de salvación, en una puerta de escape virtual que, con algo de suerte, pudiera transformase en real y obrar ese milagro de la escapada definitiva que muchos en Cuba han señalado como meta de partida indispensable para su realización personal, aun cuando eso implique colocarle un precio a sus afectos.

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