Cuba

Si su hija(o) le dice que «algo pasó», acéptelo como real

De izquierda a derecha, los actores Roberto Espinosa, Liliana Sosa y Rodrigo Gil. Foto tomada del perfil de Roberto Espinosa Foto: Tomada de Facebook

Una escena de la novela cubana detonó el debate público sobre un tema de alta sensibilidad: el abuso sexual infantil.

En El rostro de los días, la tierna Lía (interpretada por Liliana Sosa) es agredida sexualmente por su padrastro René (Roberto Espinosa), sin que la madre de la niña (Lesvy Samper) se enterara y con altas probabilidades de que no le creyera al contárselo.

Hay cientos de comentarios en las publicaciones de los actores en redes sociales. El maltrato siempre genera indignación y, si es contra una niña o niño, el impacto social se multiplica.

El actor Roberto Espinosa, quien dedica su trabajo a la necesidad de denunciar lo que viven personas con experiencias similares a los personajes, escribió en Facebook: «Tenía una idea de la magnitud que provocarían nuestros personajes en la novela, a tal punto que, no siendo la familia protagonista, ni con tantas escenas por capítulos, es una de las más seguidas por el público. Realmente nuestras expectativas se quedaron cortas».

Acerca de ese asunto, tan necesitado de reflexión en las familias cubanas, más allá de ver juntos la novela, conversamos con la doctora en Ciencias Sicológicas Patricia Arés Muzio, especializada en temas de familia e investigadora relacionada, por su trabajo, con conceptos como acoso, violencia, sociedad, diversidad, género, y salud sexual y reproductiva.

La doctora Patricia Arés considera que no se debe esperar a que los hechos ocurran. Foto: cortesía

–¿Qué valor le otorga a lo abordado en la novela y qué impactos puede tener en las familias?

–El tratamiento de estos temas en espacios de alta audiencia como lo es la telenovela, es de suma importancia y pertinencia social, porque son realidades que, muy a nuestro pesar, existen en las familias cubanas y en el resto del mundo. Por muy descarnado que nos pueda haber parecido el mensaje, dar visibilidad a los abusos sexuales, en este caso una violación, puede ayudar mucho a que padres, madres y otros educadores tomen conciencia y estén alertas de que nunca es poca la supervisión y el cuidado para proteger a los niños, niñas y adolescentes del riesgo de ser víctimas de abuso.

«La novela muestra la complejidad de situaciones como estas. Vemos a una madre que se precia de querer a su hija, de ser buena madre, y no le fue posible protegerla de la sexualidad “desbordada” de su pareja.

«La puesta en pantalla de la violación ejerce un efecto movilizador de emociones negativas, como la rabia y la indignación, muy necesario a la hora de ganar fuerza para encarar estos dolorosos asuntos, desenmascarar al abusador y proteger a la víctima.

«La realidad de una violación dentro de la familia nos confronta con la necesidad de “desidealizar” la idea de que la familia, por el mero hecho de que existan nexos de convivencia, ya es garante de amor y protección.

«Por tanto, la situación que se presenta en la novela tiene el valor de ser una alerta a padres, madres y otros familiares, para que comprendan la necesidad de no abusar de la confianza en las relaciones familiares solo por compartir un hogar de convivencia.

«Considero importante no minimizar las señales de peligro que pueden existir en determinados tipos de relaciones.

«Las investigaciones en Cuba muestran que la mayoría de los abusos sexuales se dan al interior de la vivienda y son protagonizados por miembros de la familia que, por lo general, no están en la primera línea de consanguineidad y parentesco con el menor, como padrastros, abuelastros, tíos, hasta vecinos cercanos.

«Los padres y las madres deben estar muy atentos cuando en el hogar hay adolescentes del sexo femenino, ya que lo más frecuente, de acuerdo con las estadísticas, es que las niñas y adolescentes sean las víctimas, aunque los niños no están exentos».

–Ayudemos a las familias. ¿Cuáles son las actitudes que asumen las víctimas y cómo pueden los padres percibir que algo pasa si ellas o ellos no hablan del tema?

–Las señales más visibles son la aparición del miedo y el rechazo al abusador, un mayor retraimiento social, cambios del estado de ánimo, pérdida de espontaneidad, disminución del habla, irritabilidad, insomnio y, en general, un cambio brusco de comportamiento.

«Este estado emocional se empeora o puede perpetuarse en el tiempo en caso de que el abusador induzca a la víctima a una complicidad de silencio, que con frecuencia suele ocurrir y lo estamos viendo en la novela, usando argumentos como que no le van a creer o que será causante del sufrimiento de su mamá, porque, dicho sea de paso, los victimarios muestran ante el resto de la familia un aprecio y cuidado exagerado por la menor.

«A todo este proceso se le llama en sicología “victimización secundaria” o “proceso de revictimización” mediante el chantaje y la manipulación emocional, lo cual adiciona complicaciones al trauma, provocando miedo y culpa, además de la vergüenza y humillación del daño primario».

–¿Cómo se rompe en la vida real un ciclo de abuso y silencio como el de Lía en la novela?

–El abuso sexual y la violación debe ser un tema a tratar por los padres y madres con sus hijos a lo largo de su desarrollo. No se debe esperar a que los hechos ocurran. Los niños muy tempranamente deben conocer que su cuerpo les pertenece y que ninguna persona tiene derecho a tocarlo sin su consentimiento, y que, si esto ocurre, deben informarlo inmediatamente al adulto responsable de su cuidado.

«Existe un mensaje que debe quedar claro en los hijos: los padres y madres, por encima de todo, están para protegerlos y defenderlos. Si alguien lacera la dignidad y la integridad física de su hijo debe ser denunciada y sancionada».

–¿Qué factores debe tomar en cuenta una familia que convive y cuida a una persona violentada?

–Lo primero es estimular que hable y evitar todo tipo de sentimientos de culpa. Esto es más fácil cuando se ha creado una confianza previa con los hijos. Hay adultos que no le creen al adolescente, que se lo niegan y, en el peor de los casos, le dicen que lo que quiere es destruir su relación o que por su culpa han enviado a una persona a la cárcel.

«Lamentablemente, existen algunas madres que siguen con la pareja ya conociendo la existencia del abuso, dudan de la veracidad de los hechos y desmienten a la víctima, ancladas en la necesidad de preservar su relación y, en algunas ocasiones, su estabilidad económica.

«Los estudiosos del tema develan que, cuando los hijos o hijas expresan que “algo pasó”, hay que aceptarlo como un hecho real por mucho que nos cueste creerlo.

«Es muy difícil para un menor inventar algo así, pues los abusos lesivos, y en caso extremo una violación, contravienen la esencia de las relaciones familiares que son el amor y la protección.

«La familia, y en este caso los padres, deben ofrecer apoyo, protección y creerles sinceramente, aunque esta verdad ponga en riesgo toda la confianza que antes se depositó en el abusador. 

«Nada justifica el abuso sexual y mucho menos una violación. El abusador no es un enfermo. La ingesta de alcohol para nada es un atenuante y usar excusas que culpabilicen a la víctima, como su manera de vestir, solo incrementa el daño moral.

«Un abusador y violador es responsable de su conducta y debe pagar por ello. Veremos qué ocurre con el caso de Lía».

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