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Cuba

Televisión: ¡No invoquéis su nombre en vano!

Foto: Archivo.

En el reciente encuentro Caracol que cumplió cuarenta años, mi amigo Avelino Couceiro Rodríguez, organizador del Taller teórico desarrollado en la UNEAC, tuvo la feliz idea de invitar a grupos de niños de primaria y adolescentes de secundaria, a una de las sesiones en las que se debatía sobre el impacto de la radio y la TV en los públicos.

Dudé de la efectividad de aquel hecho, hasta que una excelente comunicadora, supongo que la maestra del grupo, comenzó a interactuar con los más pequeños, primero estableciendo el diálogo, luego con preguntas puntuales.

Del grupo de unos veinte escolares, una oye radio porque lo sintoniza su abuela, otros dijeron que no encontraban nada interesante. La maestra le preguntó por los músicos preferidos y ¡ninguno es de los promovidos en la Radio y en la Tv!. Se de ellos porque mi casi nieta de diez años tiene esos mismos gustos por lo que ella llama…cantantes.

Los personajes de comics que prefieren son asiáticos o gringos, solo dijeron que les gustaba Elpidio Valdés cuando se les preguntó directamente.

No pude evitar “colarme” en el diálogo e indagué si veían “el paquete”, un sí a coro fue la respuesta. ¿Qué les gusta más?, seguí averiguando “el horror”, fue la respuesta poco más o menos unánime y ¿películas de sexo?, dijeron que no, pero un niño contó que “un amiguito” veía las películas de esas, del abuelo ¿será el amiguito? Todos ven, disfrutan, siguen Caso cerrado, competencias y música (reguetón).

De los adolescentes sólo dos dijeron interesarse para programas culturales y son de las que leen. Realizaron sugerencias: quieren aventuras cubanas, mejores horarios para espacios que dicen disfrutar, el resto aceptó que el paquete y la conexión wifi eran su vía audiovisual por excelencia, porque apenas van al cine.

¿Es este grupo un ejemplo exacto de lo que sucede en toda Cuba? No. Esos niños y adolescentes, estudian y viven en el Vedado, incluso en esa zona capitalina existen diferencias de acceso entre unos grupos y otros, a partir de las posibilidades económicas de sus familias, algunas tienen “antenas”, aunque sean ilegales. Si viajamos a otras provincias las diferencias pueden ser mayores, aunque en un reciente viaje vi en una casa, en plena carretera, central a toda una familia embobecida con un Caso cerrado.

¿Qué hacemos? ¿Nos rendimos? Sería lo más fácil. Pero el consumo audiovisual en Cuba hace años que no es solo responsabilidad de la televisión, sino de la familia (y de la escuela que debe enseñar apreciación audiovisual). Que un niño vea cine de horror y le guste, o sexo y lo niegue, es imprudencia del núcleo en que vive o que frecuenta.

Es de una absoluta incumbencia familiar, que la mayoría de los menores vean la telenovela. Hoy en nuestro país es casi natural que niños y niñas se duerman después de las 10 de la noche. ¿Cuántos adultos evalúan con responsabilidad “el paquete”, otro canal televisivo sin dudas, para decidir que pueden ver sus hijos? ¿Cuántos se preocupan por buscar la mochila en los Joven club y que sus pequeños vean sus ofertas?

También ¿centros de Artex o teatros (empresas del Ministerio de Cultura)programan siempre espectáculos de calidad que luego son promovidos en la tv y la radio?. No soy “una mujer de las noches habaneras”, pero algo conozco y ¡he visto cada “artista”!. Que conste tienen mucha demanda y llenan cualquier centro, pero… ¿y las jerarquías de promoción?

Claro la televisión sigue teniendo un rol vital: si existe una buena oferta (La colmena tv, por ejemplo) los adultos pueden proporcionar a sus menores programas que contribuyan a su crecimiento personal. Para eso es imprescindible más producción, especialmente de aventuras, teledramas, y animados. Se ¡cómo no! que para producir hacen falta recursos que en parte se pueden obtener de cobrar la publicidad a congresos, eventos, artistas que tengan calidad y puedan pagar. No abogo ¡me libre Marx o Shangó! de que la televisión “se venda” al mejor postor, sino que se cobren los anuncios, con las excepciones lógicas.

En fin, nuestra TV está obligada ahora más que nunca a ser mejor, pero, cierro con una máxima bíblica ¡no invoquéis su santo nombre en vano!

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