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Colombia

Contra los contra

Contra el microtráfico, el Gobierno va lanza en ristre. En Washington es una fórmula favorita. Pero no la recomiendo. Es que Colombia tiene bemoles.

Lo de Islandia, un programa masivo dirigido a toda la juventud, tiene alguna posibilidad siempre y cuando cubra a TODOS los jóvenes con equitativa distribución. Gobernar para todos, o sea, darle algo de valor al joven, una enseñanza y ojalá aplicaciones útiles en el mundo real –el virtual está saturado–, o para ambos mundos, y buenos pasatiempos. Y cultura.

Bueno, y a todas esas, en Islandia el consumo de drogas bajó mucho. En el mediano plazo no he leído evaluaciones del caso, pero si fuera presidente me echaría una pasadita por allá, pues ver es creer. De pronto hasta hablaría con un joven.

Sí existe, que sí, la posibilidad de hacerle a una sociedad una terapia general, dirigida, por ejemplo, a los jóvenes. Pero, claro, la dimensión de Colombia, más de un millón de kilómetros cuadrados, dificulta la misión.

En qué se tira el país la platica que le llega por la vía de Eldorado (la leyenda, quiero decir): en lujos para la minoría o en construir una cultura colombiana más relevante. Pues eso determina qué tan inteligentes o brutos vamos a ser, si la Colombia culta o la centenaria y bicentenaria o milenaria tierra de nadie que ha solido ser.

En qué se tira el país la platica que le llega por la vía de Eldorado (la leyenda, quiero decir): en lujos para la minoría o en construir una cultura colombiana más relevante.

Esa es la pregunta política en el nivel del presupuesto, nivel de la película real: ¿qué debe fluir de la esfera jurídica y legislativa? Los dos poderes, Legislativo y Judicial, no deben seguir siendo instancias de trampa, sino las articulaciones de una coherencia. Filial coherencia. Cada uno aporta su grano de arena y hay coherencia.

Gobernar implica estar funcionalmente sintonizado con estos complejos planos de realidad, tantos que hay. Pero no para explotarlos en provecho propio. He aquí un elemento que harta falta hace en nuestra cultura: para ponerlo en latín, res publica, la cosa pública, la esfera de lo que nos pertenece a todos. Nos hace falta esa esfera. Para obrar como ciudadanos, y así la realidad mejorara. Darle al país, no quitarle.

En esos planos se gobierna. Es el objeto de la ciencia política y la antropología. PoliScience, la teoría; antropología, la práctica. Ver a ver cómo se las arreglan los seres humanos para gobernarse, y, oiga, usted volverse docto en eso, buena vaina.

Si dejamos que todo funcione con base en sacudones extremistas, como con la requisa por dosis mínima que se le va a dar a la policía en mala hora, pues es difícil inyectarle inteligencia a la historia, y Colombia irá de tumbo en tumbo, como ocurre desde que me acuerde, con un breve interludio en el gobierno de Lleras Camargo.

Después de las reuniones de Sitges y Benidorm en el albor de los años cincuenta, celebradas en secreto entre Laureano Gómez y Alberto Lleras, pues se habían calmado los ánimos, y apelamos a una figura histórica, la tregua. Había habido trescientos mil muertos en esa guerra civil rural. A ese precio se pagaron esas reuniones de los líderes políticos.

En esta instancia, el pacto se llamó Frente Nacional y duró dieciséis años, de 1958 a 1974, y cogobernaron los partidos Liberal y Conservador alternando la administración; y la izquierda dura, la que Carlos Lleras organizó en asociaciones campesinas, se quedó por fuera. Ese fue el pecado del Frente Nacional. Por eso hubo guerrilla.

Pero sí hubo mejoría en la vida política de Colombia con el Frente. La acción binaria colombiana, tan agresiva, la reorientaron Alberto y Bertha Puga de Lleras hacia una manera discreta pero genuina de gozar la vida con determinada sencillez campechana. Ahí, los valores aristocráticos de Colombia y Chile, de donde fue oriunda ella, de la hispanidad. Pero en todos los novecientos municipios, pues ese es el verdadero estilo de lo nuestro.

Entonces procuremos recordar estos detalles, y todo irá mejor.

PEDRO SHAIO

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