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Colombia

El sangriento y peligroso ajedrez del Catatumbo

Desde que las Farc entregaron sus armas y se retiraron de la zona, distintas organizaciones armadas —en especial el Eln, Epl y disidentes de las Farc— se disputan el control de los cultivos de coca en el Catatumbo. Esto ha disparado los índices de violencia de forma significativa.

Pero no solo luchan la coca; esos grupos ilegales también se pelean esa zona por la abundancia de petróleo y oleoductos, y por la frontera con Venezuela que les permite eludir las acciones de la Fuerza Pública, establecer una retaguardia y preparar sus ataques desde el vecino país.

El principal problema en esta zona de Colombia es el enfrentamiento entre el Eln y el Epl, que comenzó a principios del 2018 y prosigue hasta hoy en día. Se cree que el Epl incumplió un acuerdo para evitar la confrontación por los territorios que antes controlaba las Farc, y el Eln procedió a movilizar efectivos de Arauca y del sur de Bolívar para evitar la expansión del Epl.

Bastión de las guerrillas

El predominio histórico de las guerrillas en el Catatumbo le ha cerrado el espacio a las bandas criminales. En la actualidad solo tienen presencia ‘los Pelusos’, la agrupación que hasta 2015 dirigió alias Mateo, un disidente del Epl que acabó en la delincuencia ordinaria. La entrega o captura de ‘Mateo’ y otros mandos acentuó la fragmentación y criminalización de ‘los Pelusos’ y dio paso a líderes jóvenes que luchan por el control mediante la violencia. Aunque inicialmente se hablaba de unos cincuenta integrantes con influencia en El Tarra, Hacarí y San Calixto, hoy podrían superar los cuatrocientos. Cabe aclarar que el Epl se desmovilizó en 1991 y, por tanto, el Gobierno Nacional considera como una banda criminal a los exguerrilleros que siguieron operando en la región.

Al enfrentamiento entre el Epl y el Eln hay que sumar la aparición de las disidencias del frente 33 de las Farc, autodenominadas Frente Catatumbo Farc-EP, que tienen presencia en los municipios de Convención, El Tarra y Teorama.

Primera fase de reacomodo

El proceso de reacomodación, tras el retiro de las Farc, comenzó en 2016 en San Calixto, Teorama y El Tarra.

El municipio de San Calixto había sido el centro de los combates entre las Fuerzas Militares y las Farc hasta el momento de su desarme y concentración en la vereda de Caño Indio. Las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) también operaron en el municipio desde 1999 hasta su desmovilización. Igualmente, San Calixto fue escenario de la disputa entre las Auc y las Farc por el control de los cultivos de coca, sufriendo una violencia muy intensa.

Actualmente, las tensiones se expresan, sobre todo, en homicidios selectivos atribuidos especialmente al Epl. El Eln actúa a través de los frentes Camilo Torres Restrepo, Luis Enrique León Guerra y el Colectivo Héctor. Mientras tanto, el Epl se ocupa, principalmente, de regular y administrar el negocio del narcotráfico, actividades que venía realizando junto con el Eln hasta que se desató el enfrentamiento.

En el municipio de Teorama, la presencia del Eln y de las Farc se remonta a los años ochenta y la de los grupos de autodefensa a 1999, cuando el Bloque Norte ganó influencia en el municipio por la expansión de los cultivos de coca. A partir de ese momento se intensificó la lucha entre guerrillas y paramilitares por el control de la economía ilegal. A través del frente 33 y la columna móvil Arturo Ruiz, la guerrilla ejerció un estricto control sobre las organizaciones sociales y comunitarias, impuso reglas de conducta a la población y presionó a las autoridades locales.

En la actualidad, el frente Camilo Torres Restrepo del Eln ha multiplicado sus acciones armadas y viene copando los espacios de las Farc, aunque enfrentándose por ello con el Epl y las disidencias del frente 33. El choque entre esos grupos por controlar los cultivos de coca y los enfrentamientos con las Fuerzas Militares podrían explicar el elevado índice de homicidios que se registra en el municipio desde 2016.

En El Tarra, donde se produjo recientemente el secuestro por parte del Eln de la tripulación de un helicóptero que transportaba valores, el grupo guerrillero ha tenido presencia desde los años ochenta, en coincidencia con el paso del oleoducto Caño Limón-Coveñas.

Las Farc, por su parte, permitieron la expansión de la coca hacia este municipio y otros aledaños. Además, a través del frente 33 y la columna móvil Arturo Ruiz, lograron movilizar a la población contra la presencia de la Fuerza Pública en el casco urbano y la erradicación de los cultivos de coca en la zona rural.

Hoy en día los homicidios van en aumento. Uno de los hechos más graves luego de la desmovilización de las Farc fue la masacre ocurrida en julio de 2018, en la que perdió la vida el presidente de la junta de acción comunal del kilómetro 84 y miembro de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), otras cuatro personas y cuatro exintegrantes del grupo guerrillero.

Segunda fase

Una segunda etapa de expansión del Eln y Epl en el Catatumbo tuvo lugar en Tibú, Convención y Sardinata. En Tibú, la desmovilización de las Farc ha hecho que tanto el Eln como el Epl se reacomoden, buscando vincular a potenciales disidentes. Estos grupos vienen promoviendo el cultivo de coca en La Gabarra y consolidando nexos con mafias internacionales en La Cooperativa y Río de Oro, puntos fronterizos que hacen parte de un complejo regional más amplio, que se expande hacia el sur y está compuesto por decenas de trochas. Una de las razones del aumento de homicidios sería la decisión de algunos campesinos de sustituir los cultivos de coca por productos legales.

En Convención, el Eln ha tenido presencia desde los años ochenta y en la actualidad se enfrenta con el Epl por los territorios donde el frente 33 y las columnas móviles Arturo Ruiz y Resistencia Barí de las Farc operaban desde los años 2000, cuando incursionaron en el municipio atraídos por las siembras de coca. Entre 2016 y 2018, el aumento de los homicidios, al igual que en Tibú y El Tarra, expresa las contradicciones entre el Eln y el Epl por el control de esos cultivos en expansión.

Por último, en Sardinata hizo presencia el frente 33 de las Farc desde finales de los 80 hasta su concentración en Caño Indio. Desde los años noventa, el Eln ha venido ejecutando ataques contra la Fuerza Pública y sabotajes a la infraestructura. Por otra parte, el bloque Catatumbo de las Auc tuvo presencia desde finales de los noventa hasta su desmovilización en 2004. El Epl ya supera al Eln en este municipio.

Los peligros

Bajo estas circunstancias es obvio el riesgo que corre el proceso de reintegración social y política de las Farc. Si bien las élites tradicionales de las regiones y otras fuerzas emergentes pueden verse amenazadas por la participación política de un nuevo actor, la persistencia del conflicto armado en el Catatumbo y, particularmente, el enfrentamiento a sangre y fuego entre el Epl y Eln es la principal amenaza para los excombatientes.

Informes periodísticos advierten que desde septiembre de 2017 algunos desmovilizados habrían sido amenazados de manera verbal en El Tarra por hombres del Epl porque se negaron a unirse a su proyecto de expansión. El ataque estaría motivado por la sed de venganza y porque, al parecer, algunos de los desmovilizados estarían organizando una disidencia de las Farc que afectaría el reacomodo del Eln y el Epl.

Las tensiones entre esos dos grupos pueden agravar la difícil situación humanitaria en el Catatumbo. Todo indica que el Epl tiene intenciones de expulsar a quienes lleven menos de tres años viviendo en el municipio de Hacarí, donde ese grupo armado ha tenido influencia desde tiempo atrás, especialmente en la parte rural. El Epl teme perder el control sobre la población.

No hay duda alguna sobre el riesgo que implica la disputa entre los grupos ilegales en el Catatumbo, una disputa que podría destruir las organizaciones existentes (incluyendo aquellas que surgieron del acuerdo de paz), hasta llegar de nuevo a los peores tiempos del conflicto armado interno que, supuestamente, ya deberíamos estar superando.

CAMILO ECHANDÍA E IRENE CABRERA*


Razón Pública
*Profesores e investigadores de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

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