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Colombia

Hay que repensar las bancas de desarrollo

Las bancas de desarrollo fueron creadas en Colombia, siguiendo patrones a nivel mundial como instrumento para impulsar el desarrollo de determinados sectores económicos, de tal forma que estos tuvieran acceso al mercado financiero en condiciones favorables, es decir, fueron pensadas para resolver las fallas de mercado que impedían que los flujos de ahorro de la economía se transformaran en inversión productiva en actividades como la agricultura, la industria, tanto para el mercado interno, como a los externos.

Bajo esa concepción, desde mediados del siglo pasado se comienzan a promover las primeras iniciativas de crear bancos especializados de primer piso como la Caja Agraria, el Banco Central Hipotecario, luego el Banco Cafetero y el Banco Ganadero, orientados a fomentar actividades agropecuarias y la construcción de vivienda. Estos modelos de bancos de desarrollo hicieron crisis en la década de los noventa, y fueron liquidados o vendidos a la banca privada. Al cierre de esta década se creó al Banco Agrario, hoy único banco público, para financiar el sector agropecuario y rural.

(Lea: La nueva hora de la banca de desarrollo

En los años 50 del siglo anterior también se impulsaron las primeras versiones de bancos de segundo piso como el Instituto de Fomento Industrial-IFI, Proexport y el Fondo de Fomento Agropecuario-FFA, que dependía del Banco de la República. En los 90, varias de estas entidades se transforman en las entidades que hoy financian y promueven el desarrollo empresarial, las exportaciones y el sector agropecuario. Se trata de Bancoldex, ProColombia y Finagro. Estos bancos jugaron un papel crucial en la medida que inyectaron recursos a todo tipo de productor agropecuario.

Hoy la dinámica económica del país y el grado de consolidación del sistema bancario colombiano hace necesario repensar el papel de las bancas de desarrollo.

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Hay que volverlas a focalizar sobre los sectores y tipos de productor/empresario donde aún permanecen las fallas de mercado que les impide acceder a recursos para financiar sus actividades productivas, al igual que potenciar programas y/o instrumentos que son claves para el éxito de las inversiones productivas.

Es claro que la banca privada atiende de manera competitiva con sus recursos propios las demandas de financiamiento de las grandes empresas, al igual que de los grandes productores agropecuarios porque la mezcla y alto grado de relacionamiento bancario les permite ofrecer productos y servicios a costos más bajos que a través de la fuente del redescuento.

En el caso particular de Finagro, al cierre de 2018 el redescuento no supera el 20% de los recursos frente a más del 80% que se registra como cartera sustitutiva orientada en un 95% para grandes empresas, en muchas de las cuales se ha perdido el ADN agropecuario.

En Bancoldex pasa algo similar hacia las medianas y grandes empresas. En ambos casos, si se miran las cifras agregadas, si bien en los montos globales crecen, al desagregarlas y compararlas frente al papel para el cual fueron creadas, dejan al descubierto la necesidad de repensarlas para que se focalicen hacia los sectores y tipos de empresarios/productores donde aún permanecen las fallas de mercado, no solo brindando fondeo sino acompañada de programas que le generen sostenibilidad a las actividades que se impulsen.

En el caso del Banco Agrario es clave volverlo a centrar sobre su papel de financiamiento en un 70% a las actividades agropecuarias principalmente hacia los pequeños y medianos productores, a las actividades rurales de la población base de la pirámide, al igual que a la construcción de bienes públicos en los entes territoriales donde es necesario impulsar su desarrollo.

Bien lo plantean Beatriz Marulanda y Mariana Paredes en un estudio en 2005 sobre las bancas de desarrollo para la CEPAL, estudio que tiene plena vigencia: los bancos de desarrollo que se orienten a resolver las fallas de mercado deben intervenir no solo con el redescuento sino también con otro tipo de instrumentos que hacer una gestión eficiente. Es claro que el crédito por sí solo no garantiza el éxito de los emprendimientos productivos. Esto hace necesario repensar cada una de las bancas de desarrollo para evitar que la dinámica empresarial y bancaria las llegue a marchitar antes de que se avance en la solución de las fallas de mercado latentes.


En conclusión, la banca de desarrollo debe enfocarse en el impulso del desarrollo de los sectores donde se presentan fallas de mercado y no en atender a grandes productores, empresas y ciudades donde la banca privada hace ya una presencia eficiente. Cuando el 95% son pequeños productores agropecuarios y el 80% son pequeñas empresas que necesitan herramientas para sostenerse y crecer, amerita repensar el papel de las bancas de desarrollo. Bien vale la pena una mirada detallada en el plan de desarrollo que se estudia actualmente. En próximos artículos profundizaremos en estas propuestas.

Jesús Antonio Vargas Orozco
Consultor empresarial

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