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Colombia

La apología del delito

PITER BONILLA DÍAZ

Seguiré insistiendo, que aparte de los alucinógenos el peor daño que se le está haciendo a la humanidad son las películas, novelas, dramatizados, o como se les llame donde se hace, ni más ni menos, la apología del delito. No se entiende cómo los canales de televisión colombianos, por aquello del rating, no se percatan del enorme perjuicio que se le está causando especialmente a las nuevas generaciones. Allí se enseña todo tipo de delitos que no los enumero porque me seria prolijo.

Incomprensible que cuando el país anhela la paz y el restablecimiento de las buenas costumbres, tales programadoras insisten en presentar en serie documentales de esta naturaleza, repito, solo se registran atracos, crímenes y donde se aprende toda la gama delictiva. Una locura que solo cabe en la mente de personas que realmente no desean el progreso sano de una nación cansada de tanta tragedia, luto, desgracias en todas sus manifestaciones. ¿Será que no existe un organismo de control para impedir que ello siga sucediendo? Precisamente el presidente Duque se ha propuesto eliminar el consumo de estupefacientes para contribuir en la lucha contra este interminable flagelo, campaña que se espera supere todas las expectativas.

La sintonía de estos operadores depende del televidente, si a conciencia prefiere esa clase de programas. He ahí que la campaña se debe adelantar para disuadir a la gente sobre el deterioro a la salud mental que las originan.

Yo personalmente cambio de inmediato el canal cuando buscando otros atractivos aparece cine violento. Quedo espantado al ver hasta donde ha llegado el criterio que tienen los directores de dichas programadoras que solo alimentan perversamente el daño a la humanidad.

Lo otro son las presentaciones que se les permite a bandas endemoniadas por la droga, disque para complacer a las juventudes con su ¿“música”? en escenarios diabólicos que, de verdad, no solo asustan sino que causan tristeza por saber hasta donde hemos llegado.

Una joven amiga, bien formada y con bases morales, éticas y hasta profesionales, me dijo que inocentemente había asistido a un concierto que se efectuó en la Tatacoa, y que fue tanto el terror que experimento, que sintió la presencia del diablo en medio de este infierno. Por supuesto que las personas que ya en estado de degeneración, en lugar de sentir pánico, seguramente se imaginan que están disfrutando de ese siniestro “viaje”.

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