logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo logo
star Bookmark: Tag Tag Tag Tag Tag
Colombia

'Los medios fueron remplazados por las redes': John Sudarsky

Para empezar, ¿por qué la corporación que usted preside se llama de Control Social? ¿Qué significa esa expresión, que lo hace pensar a uno en Stalin?

Yo siempre he tenido la misma inquietud. Pero es al revés. El control social es de la sociedad sobre el Estado. Se llama así porque la soberanía está en el pueblo, y el Estado es dependiente del pueblo. Esa fue la gran reforma de la Constitución de 1991. Hay todo un capítulo del control de la sociedad sobre el Estado, con temas como la sociedad civil, llamar a cuentas, rendir cuentas, las instituciones que controlan el Estado...

¿Cómo se empezó a implementar el concepto de capital social en Colombia?

Hay un gran autor, Robert Putnam que puso el tema sobre la palestra. Su libro Para que la democracia funcione llegó en el momento en que estaba reunido el primer Consejo Nacional de Planeación, hacia 1994. Yo trabajaba para Planeación Nacional y planteamos que había que medir el capital social para descubrir qué es lo que genera confianza y efectividad institucional. Hubo un Conpes de participación que ordenó que se midiera, y a partir de eso comenzamos a elaborar la medición, que se hizo por primera vez en 1997.

¿Cómo han evolucionado los resultados de estas encuestas?

El tema tiene cuatro factores: capital social (Ksocial), capital cívico (Kcia), la confianza institucional y control indirecto del Estado (Confíe) y la fe en fuentes de información no validadas (Fenoval).

El Ksocial, que representa el tejido social, la reciprocidad, las relaciones horizontales, subió hasta 2005, pero se precipitó a partir de 2011 muy fuertemente, sobre todo en Bogotá.

Los colombianos ya no comen cuento, y mucho menos los bogotanos. Pero hay ciudades donde se ha subido, como Medellín, donde es altísimo

Luego viene el Kcia, que cae desde la primera medición, del 97 hasta 2011. Una pérdida gigantesca, porque es el que sustenta la sociedad, tanto en lo cívico como en lo social. Se recuperó un poco después, pero de forma no activa, con la participación en organizaciones voluntarias.

Recobrarlo requiere un instrumento de movilización para que la ciudadanía vuelva a participar. Organizaciones paralelas como los consejos comunitarios lo golpearon duro, porque, ¿para qué se iba a meter la gente a una organización si bastaba ir al consejo? Necesitamos que se vuelva a movilizar la gente, porque es muy fácil botar opiniones en las redes sociales sin que pase nada.

Sigue Confíe, que a partir de 2011 ha tenido la mayor caída. La confianza en el Congreso, en la política y en los partidos quedó al nivel de los peores del mundo. Por eso se necesita que la reforma electoral vaya al fondo del problema.

Por último está la Fenoval, un factor que ha caído dramáticamente. Los colombianos ya no comen cuento, y mucho menos los bogotanos. Pero hay ciudades donde se ha subido, como Medellín, donde es altísimo. Está muy de moda con el auge de las fake news. Se cree en información sobre los asuntos públicos sin verificar su veracidad.

Las autoridades argumentan con frecuencia que la percepción no tiene correspondencia con la realidad. ¿Hay más corrupción o mayor conciencia de ella?

Eso está correlacionado. Hay foros mundiales que hablan sobre la corrupción y Colombia aparece como un país corrupto. No es asunto solo de percepción. Se pregunta sobre corrupción porque es lo que la gente tiene. La sensación de miedo y de peligro que la gente siente y la sensación de corrupción son reales, aunque existan algunos momentos en que no.

Episodios como el de la semana pasada, en el que una decisión de la JEP provocó un efecto dominó en la Rama Judicial, ¿afectan la confianza institucional?


Creo que no la afectan mucho porque está en el piso. Uno no puede caer más abajo del piso. Hace una semana había otra crisis y hace un mes había otra. Ningún evento individual produce cada cosa, sino la repetición. No sabemos qué va a pasar mañana.

¿Qué dicen los resultados de la medición de Colombia como sociedad? Si el país fuera una persona, ¿cómo la describiría?


Una persona en la cual los brazos y las piernas le funcionan bien, pero el sistema circulatorio, el corazón y los pulmones no. El problema que tenemos es ver cómo esos brazos y esas piernas se logran unir para que todo ande igual. Y lo que vemos es que hay arterioesclerosis institucional. Hay gente joven, hay empresas, iniciativa, creatividad, pero cuando tocan el Estado hay rechazo, porque el método de acceder al Estado es a través de los políticos y los políticos no interpretan a la ciudadanía.

Hay una crisis muy fuerte,
pero simplemente los ciudadanos dicen: mejor me dedico al fútbol, a los deportes, a las telenovelas, porque consideran que esa es una perdedera de tiempo

¿Existe relación entre capital social y el desarrollo histórico? ¿Se podría decir que nuestro capital social es como el de una sociedad premoderna?

No es una sociedad premoderna. La modernidad interactúa con cada tradición para producir un tipo de sociedad. Nuestra modernidad viene muy determinada por la tradición hispano-católica (en cuanto a conceptos como el de la representación y muchos otros), no es que sea premoderna, es que es una modernidad distinta, muy latinoamericana. Que uno pueda llamar a cuentas a su representante no existe ni siquiera como concepto cultural. El problema es cómo nos convertimos a una modernidad más racional, que produzca más conocimiento y desarrollo económico.

¿Qué tan fuerte es en Colombia la fe en noticias no validadas? ¿Nos hace más proclives a creer en noticias falsas?


El avance en este sentido es lo que decía hace un momento: ya la gente no come cuento de los medios. Eso está clarísimo, porque hay una pregunta sobre si los medios son los que nos explican los problemas en profundidad. Los lugares donde uno se reuniría para conocer la verdad sobre los acontecimientos son los amigos, su organización voluntaria o su partido, porque la sociedad civil es un mecanismo de participación. Entonces vemos que se incrementa la utilización de redes, que a nosotros nos aparece más relacionado con Fenoval, con noticias falsas.

La gente va a Twitter y dice cualquier cosa y queda feliz, pero entonces ¿quién construye las visiones de futuro, de justicia, de igualdad que necesitamos? Porque los partidos no lo están haciendo.

¿Qué tanto se confía en los medios de comunicación?


Los medios fueron remplazados por las redes. Antes los medios tenían impacto en Confíe, que es la parte institucional.

¿Cómo revertir esa situación?

Hoy, la responsabilidad de los medios es una tarea muy compleja: cómo hacer que la gente confíe de nuevo en ellos. Es un reto; no voy a ser yo quien lo va a definir. Cada medio y cada tipo de medio tiene que encontrar cómo hacerlo.

Uno ve medios que se vuelven muy analíticos y sucede que en las redes reproducen artículos de periódico

Uno ve medios que se vuelven muy analíticos y sucede que en las redes reproducen artículos de periódico. Yo cuando encuentro una explicación muy clara de un fenómeno la tuiteo, porque no tengo otra fuente sino la confiabilidad que me da un periódico o un medio.

¿Podría explicar la relación entre las listas electorales abiertas y el aislamiento de los individuos?


Cuando usted se enfrenta al tarjetón de la lista abierta, el voto preferente, tiene que votar por el partido y por un número. El 88 por ciento no tiene la menor idea de por quién votó (ver gráfico ‘Porcentaje de personas...’). Entonces la relación de los ciudadanos con ese personaje es cero. Ni al personaje le interesa saber quién lo elige.
Ese es el problema de cuando hablan de rendir cuentas en las redes sociales, porque el ciudadano dice: ¿A quién miro? No sé quién es mi representante. Ni sé si ese señor me considera su elector. Ese vínculo está roto por completo.

¿Cuáles son las implicaciones más graves de esa desmovilización de la sociedad civil?


Lo más grave es que la ciudadanía no cree que se deba ocupar de lo público. ¿Qué es la sociedad civil? Lo público no estatal. Acordémonos que antes los ciudadanos solo podíamos presentar “solicitudes respetuosas”. Con la apertura de la democracia participativa del 91, y la soberanía en el pueblo, existía esa posibilidad, pero después la fueron minando. Y hoy en mecanismos de participación estamos peor que en la primera medición, en 1997.

Entonces hay una crisis muy fuerte, pero simplemente los ciudadanos dicen: mejor me dedico al fútbol, a los deportes, a las telenovelas. Porque consideran que esa es una perdedera de tiempo. En 1997 había 3’600.000 ciudadanos participando en alguna organización voluntaria secular. En el 2017 había 1’200.000. Se perdió más de la mitad y todo ese era el capital social, porque era la base mediante la cual la ciudadanía participaba de lo público. La gente se desmoralizó, se retiró porque el proceso de participación ha sido diluido con una cantidad de espacios adicionales que les compiten.

REDACCIÓN EL TIEMPO

All rights and copyright belongs to author:
Themes
ICO