Colombia

Seguridad ciudadana. Una razón de ser del estado 

Jorge Fernando Perdomo

Cada día, desde muy temprano, si uno revisa el periódico, sintoniza un noticiero o enciende la televisión, encontrará como constante notas referentes a los hechos delictivos. Por eso, el debate sobre inseguridad ciudadana es más frecuente y resultan pertinentes las demandas de los ciudadanos que reclaman una acción más efectiva por parte de las autoridades, para erradicar una actividad que genera temor e incertidumbre entre la población y cuantiosas pérdidas económicas.

Todos estamos conscientes de que el problema de la inseguridad es grave y complejo. La seguridad de las personas y de sus bienes, además de ser una demanda social, es una obligación insoslayable del Estado. El control de la violencia y del crimen constituye una responsabilidad básica e irrenunciable.

La inseguridad ciudadana atenta contra las condiciones básicas que permiten la convivencia pacífica en la sociedad y pone en peligro o lesiona los derechos fundamentales; de que nos sirve tener garantizados los derechos de educación, salud, empleo, si salimos a la esquina y somos víctimas de la violencia que nos puede lesionar o segar la vida. Así, que garantizar la seguridad de los ciudadanos constituye una razón de ser del Estado

El reclamo legítimo de los ciudadanos respecto a un Estado y una institución policial responsable y capaz de cumplir con sus funciones se aprecia en la percepción que las personas tienen sobre el desempeño de quienes tienen la función de brindar la protección, y hay que reconocerlo aquí estamos fallando.

Seguramente el reclamo del señor alcalde a las instituciones policivas, equivocó en el procedimiento y la forma, pero hay que reconocer que está interpretando el sentimiento de la sociedad.

Se impone una política pública de “cero tolerancia” con la delincuencia organizada, que además está conduciendo a un problema que puede convertirse más severo que la propia delincuencia: el miedo. El miedo que obliga a los ciudadanos a cambiar sus estilos de vida, a refugiarse en sus hogares, protegerse con barras de seguridad, candados, lo que a la postre tiene severas repercusiones, generando conductas destructivas para la vida social y fracturando el sentimiento de comunidad.

Claro, hay que reconocer, la existencia de una sociedad llena de inequidades y desigualdades que también puede ser el germen de otra delincuencia, la del delito menor, el de supervivencia, donde el delincuente es una víctima circunstancial que clama justicia y denuncia la imposibilidad de actuar de otra manera en un mundo que les empuja a delinquir y a vivir en la más absoluta de las miserias. Como escribió Victor Hugo en su obra cumbre Los Miserables “El culpable no es aquel que comete el delito, sino quien instaura las condiciones para que este sea cometido”.

Esta reflexión no es apología del delito, ni interpreto el grito ahogado y desesperado de los desheredados sociales, pero para quienes hemos visto la pobreza y la desesperanza que se refugia en los más de 120 asentamientos suburbanos, que albergan en Neiva más de 25 mil personas, entendemos la bomba social que se esta gestando.