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Colombia

Y sí, este es un memorial de agravios del bicentenario

Al gobierno nacional, la rama de la justicia, el Congreso de la República, las entidades de control y vigilancia, electorales, académicas, religiosas y militares:

Hace poco más de 500 años los españoles llamaron “descubrimiento”[1] el tropezarse con las tierras que confundieron con “las indias”. A nombre de su rey y de su dios, armados con espadas y crucifijos, arcabuces y perros de presa, iniciaron la invasión, el genocidio, la imposición cultural y el saqueo que llamaron “conquista” y luego “colonia” de la corona de España durante 300 años.

Aquí encontraron naciones que le decían al oro, “lágrimas del sol”; al caucho, “árbol que llora” y “madre”, a la tierra. No les fue suficiente el genocidio y dominar a los nativos, su codicia necesitó del secuestro y esclavización de millones de africanos para continuar con el saqueo y la explotación de los bienes naturales y las gentes humildes de nuestra América. Recordar es el infierno.

Cuando en 1992 el rey de España y los gobiernos de América pretendieron “celebrar” los 500 años del monumental y criminal atropello con el sinuoso nombre de “encuentro de dos mundos”, los pueblos y sus organizaciones, que hemos resistido como nativos-indígenas y cimarrones, palenques y comuneros, campesinos y habitantes urbanos, nos opusimos a través de la Campaña Continental 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular, que tuvo importantes repercusiones para el pensamiento, la política y la cultura continentales.

La actual conmemoración de cobertura continental es esta del “Bicentenario de la Independencia de Nuestra América”, que comenzó en 1804 con la Independencia de Haití y se prolonga dos décadas, hasta 1824 cuando con los triunfos militares de Junín y Ayacucho se sella la Independencia del Perú y Bolivia, pasando por la gesta que irrumpe desde México hasta la Argentina con la revolución política de 1810, la del terror de la “reconquista” entre 1816-1818 y las batallas definitivas del 25 de julio y el 7 de agosto de 1819 del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá, que son el comienzo del fin de la dominación española en lo que hoy es Colombia y Nuestra América.

Hoy somos un gran conjunto de pueblos nativos indígenas, negros y mestizos, haz de múltiples etnias y culturas, que hemos resistido cada día a través de memorables jornadas, como las precursoras de la emancipación, los levantamientos indígenas del Alto Perú (1780) dirigidos por Túpac Amaru y Túpac Katari y las Juntas del Común (1781) por eso llamados “comuneros” [1], los levantamientos agrarios y cabildos abiertos de la dicha revolución política de 1810, que fue el comienzo de la expulsión del yugo español y que, luego del “terror de la reconquista” 1815-1819, lograrían la independencia a través de las batallas finales del Pantano de Vargas y Boyacá, Colombia (1819), Carabobo, Venezuela (1821), Pichincha, Ecuador (1822) y Junín y Ayacucho, Perú (1824).

Seis naciones actuales —Colombia, Panamá, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia— fuimos un solo país hace apenas diez generaciones, antes de que las oligarquías de cada país lograrán separarnos del sueño de integración latinoamericana de los libertadores, dos décadas heroicas y trágicas [2] donde se sacrificó a miles de patriotas, fundantes de nuestras nacionalidades andinas.

Después de 200 años, los pueblos seguimos resistiendo la explotación y el saqueo iniciado con la invasión europea. La independencia no cambió la situación indígena, negra y popular. Este es el primerísimo agravio, el que se hace contra la vida, la naturaleza y las gentes humildes de Colombia, por parte de dictaduras de corruptos que han secuestrado la administración de lo público a nombre de una falsa democracia.

1. Somos las generaciones del bicentenario, debe enriquecerse la vida cotidiana con el peso de nuestra historia como sociedad. Sin explicación alguna, la Academia de Historia, las universidades, algunas llevan sus nombres, los partidos y sobre todo los gobiernos nacionales han pasado “de agache” esta década 2010-2019, eludiendo el siempre útil “de dónde venimos, en qué estamos, a dónde podemos ir”.

2. Hay un genocidio continuado contra el pueblo. Una masacre diaria en promedio durante setenta años, que nos avergüenza ante el mundo. Con la disculpa del conflicto armado, han desplazado cuatro millones de familias campesinas mediante el terror desde un estado narcoparamilitar, para despojarlos de más de diez millones de hectáreas, lanzándolas a la miseria urbana.

3. Hay que superar el conflicto armado, pero se esquiva el conflicto social, de tierras e ingresos básicos que explica, subyace y disculpa la insurgencia. No hay “cultivos ilícitos” sino usos ilícitos de cultivos como la marihuana y la coca, con conocidos usos medicinales, analgésicos y terapéuticos, industriales, ropa de trabajo y confecciones, bebidas como ron y gaseosas, jabones y tés. La soberanía nacional pasa por resolver nuestros asuntos sin recibir órdenes en inglés.

4. El 70% de la población está en pobreza relativa y cerca de 11 millones en la miseria, hay enfermos adictos en las calles, vías y plazas de las ciudades y campos de Colombia que son un problema de salud pública. Una muestra sin atenuantes del fracaso económico, político y ético de la dictadura de corruptos que desmaneja este país. La reciente y muy votada consulta anticorrupción del 26 de agosto de 2018 se convirtió en burla a 11.6 millones de [email protected] por la politiquería en el Congreso y el gobierno.

5. En dos temporadas invernales y de sequías extremas, cada año nos dejan la increíble cifra de un millón de [email protected], hay un millón de microcuencas con grados críticos de deterioro, miles de familias en las riberas de los ríos y construcciones en laderas urbanas inestables que concentran la miseria.

6. No hay gestión del riesgo: cuando llueve hay inundaciones y deslizamientos, cuando no llueve hay incendios y crisis de los embalses. Los monocultivos degradan e intoxican los suelos, la ganadería extensiva y el contrabando de especies silvestre son responsables en la Amazonía y la Orinoquía de la deforestación extrema al ritmo de 150.000 Has/año. Un desastre ambiental al que se agrega la contaminación del aire urbano, sinónimo de enfermedades pulmonares que mata 11.000 personas/año entre adultos mayores y niñ@s.

7. Los gobiernos están constituidos para la administración de lo público, la planeación para hacerlo con base en el conocimiento riguroso de los problemas y las previsiones del caso. Se viola la Ley de Planeación 152/94, sus principios y relación entre las distintas escalas, hasta el municipio y localidades.

8. Se ha impuesto que ganar las elecciones da “patente de corso” al gobernante de turno. Eso es ilegal, hay deberes constitucionales. Los territorios deben repararse, mantenerse y protegerse. La población vulnerada debe tener prelación en la inversión pública. Los territorios en emergencia ambiental y sus gentes en emergencia económica son la patria y deben tener prelación en el gasto. Sucede lo contrario.

9. Todas las llamadas “autoridades” civiles del orden ejecutivo, legislativo, jurisdiccional, electoral, que violó la descentralización y de las entidades de control y vigilancia, los mandos militares y de policía, las jerarquías eclesiásticas y las académicas, públicas y privadas, nos deben explicaciones y satisfacción ante la suma de males acumulados y ante cada desastre económico, político y ético y su conocida impunidad.

10. Muchas de las peores desgracias, en particular las masacres y desplazamientos, [email protected][email protected]” que en alguna parte están y asesinatos selectivos, los llamados “falsos positivos”, todos delitos de lesa humanidad, son responsabilidad, por acción u omisión, del Ejército Nacional y la Policía militarizada, cuyo mandato constitucional es proteger la vida de la Nación, que somos [email protected] Sucede lo contrario, pedimos al gobierno, al Congreso y a la justicia que, en honor al bicentenario de la independencia, haya un gran debate nacional sobre el Ejército. “Es cuestión de vida o muerte” como clamó el presidente de la Corte Suprema de Justicia el 5 de noviembre de 1985, ante los responsables institucionales.

11. Esta es una emergencia humanitaria, económica, política y ética, no reconocida de manera formal, de enormes proporciones, un naufragio institucional que merece un “primero las mujeres y [email protected] niñ@s”. Conminamos a todas las autoridades a asumir con seriedad los elementos que a cada cual corresponden y actuar en consecuencia.

Llamamos a las “generaciones del bicentenario”, que somos [email protected] los [email protected] actuales, en particular a [email protected] y estudiantes, de secundaria y [email protected], a enriquecer su vida cotidiana con el peso de nuestra historia como sociedad, en cada escala local, regional y nacional.

El límite es la conciencia y bien puede ser la imaginación, hay fechas conmemorativas de municipios, provincias y regiones, los eventos propios de las academias y universidades, los partidos y movimientos, el Congreso y los gobiernos, fechas centrales —de precursores, levantamientos y batallas— para realizar juntas y cabildos abiertos, festivales locales, regionales, nacionales y de cobertura continental, concursos de ensayos, artísticos, de resignificación de valores culturales, cartillas, símbolos locales y del continente, para camisetas y afiches, pero principalmente, un catalizador de largo aliento del conjunto apretado de urgencias y sueños por realizar.

Con el Popol Vuh de los antiguos de Mesoamérica proponemos decir y hacer: “Que todos se levanten, que se llame a todos, que no haya ni uno ni dos entre nosotros que se quede atrás”. Canta, levántate, América, voz de tantas raíces. Canta, levántate, Colombia, como hace 200 años. El continente vigila nuestros pasos, si no es desde aquí, desde dónde… Si no es ahora, cuándo… Si no somos [email protected], quiénes… Ninguna decisión sobre [email protected], sin [email protected]

[1] La insurrección de los comuneros de 1781 presentó las reclamaciones del común al gobierno de la Nueva Granada, se extendieron por varias provincias en levantamientos, cabildos y delegaciones de El Socorro, Charalá, Mogotes, Simacota, San Gil, Barichara, Carare, Confines, Cocuy, Chima, Chita, Chocontá, Gachetá, Sogamoso, Sesquilé, Pacho, Soatá y 16 poblaciones más, incluida la Provincia de García Hevia, hoy estados venezolanos del Zulia, Mérida, Táchira y Trujillo, que enviaron 20.000 hombres comandados por 84 Capitanes a Zipaquirá. Son los precursores de la Independencia y significó el sacrificio de José Antonio Galán, Lorenzo Alcantuz, Isidro Molina, Ambrosio Pisco y 16 condenados más.

[2] Entre 1815 y 1819, hubo el sacrificio de nueve patriotas en Cartagena y miles de víctimas después de un sitio a la ciudad que duró de agosto a diciembre de 1815, desde ahí llamada “la heroica”. En Bogotá entre junio y octubre de 1816 ejecutaron entre [email protected] a Antonio Villavicencio, José María Carbonell, Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano. En 1817 a Policarpa Salavarrieta, Alejo Sabaraín y [email protected] más. Antonia Santos resistió a la tortura y fue fusilada el 28 de junio de 1819 en El Socorro en la vecindad de las batallas definitivas.

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