Panama

Contar vivos o contar muertos

Es sumamente doloroso el registro de 1,471 fallecidos por el coronavirus hasta el domingo pasado. No es solo una cifra. Detrás quedan familiares cuyo sufrimiento es indescriptible y las secuelas que los marcarán de por vida. Cada panameño debe acompañar el duelo de quienes han perdido un ser querido. Es un dolor compartido y reconocido. Nada puede reparar esa tristeza que ahoga el alma, que marchita el ser, que lacera las fibras más hondas de cada doliente. Por eso la prioridad del presidente Nito Cortizo y su gobierno es preservar la vida y la salud de cada ciudadano de este país.

La calamidad de la covid-19 lo ha desbaratado todo y la incerteza se ha convertido en cotidiana compañera de los panameños. Cada uno ha tenido que aprender a vivir con la prudencia por bandera y con planes cortoplacistas, porque el mañana es más imprevisible que nunca.

Y lo peor es que la nueva normalidad consistirá en vivir cada jornada mirando de reojo la evolución de los rebrotes. La vuelta a la actividad laboral normal seguirá en el aire, esperando la llegada de las vacunas. El resto del año va a ser muy complejo y difícil para todos.

Por eso debería ser otra la obsesión de quienes desde ciertos medios escritos, programas de radio y televisión intoxican diariamente a su audiencia con negativismo y desesperanza. Están empeñados en que Panamá sea cada vez más un archipiélago de islas socioeconómicas y socioculturales desconectadas entre sí.

Tratan de pintar un escenario en el que los panameños vacíen de esperanzas el paisaje. Pretenden incorporar incautos a su comparsa como si la ingenuidad gravitara en la opinión pública tratando de sumarla como actor de reparto a una comedia dramática de la manipulación de la pandemia. Pero se equivocan. La mayoría de la sociedad está más despierta y activa de lo que calculan, y no acepta engaños ni es fácilmente manipulable.

En lugar de enarbolar la incertidumbre como consigna, debe abonarse a la cohesión de los panameños, unirlos, reagruparlos, sin importar signos políticos y condición social, bajo la bandera de los retos que enfrenta el país y con la voluntad de sacar a Panamá adelante en medio de esta catástrofe sanitaria y económica.

AntiEstado en las sombras

El politólogo italiano Norberto Bobbio identificó a aquellos que desde las sombras pretenden imponer un antiEstado, secreto, invisible, oculto. Un antiEstado que se mueve con el respaldo de sus medios de comunicación, sus grupos de choque y también con sus expresiones abiertas, a través de políticos, empresarios, sindicalistas y redes sociales. El fin, sin importar las herramientas, es imponer su poder solapado para que el gobierno público marque el paso al ritmo de sus dictados. En ese antiEstado las ideas dominantes son las de un sector, explicó Bobbio, que sabotea el diálogo político y democrático que ejercen los ejecutivos nacionales.

Eso fue lo que denunció Nito cuando señaló que ante la covid-19 “no hay margen para segundas agendas, ni agendas ocultas”. El espacio es para hacer, no para conspirar. “Eso no es amar a la patria. Así no se ama al país”, subrayó en un discurso el viernes pasado en Coclesito, en los actos del 39 aniversario de la muerte de Omar Torrijos.

Nito apeló a dejar de sembrar discordias y a unir fuerzas. “La pregunta que debe hacerse cada panameño en este momento es, ¿qué podemos aportar cada uno de nosotros en esta guerra contra un virus mortal?”, resaltó.

Algunos gremios han respondido –reconociendo que está en juego su supervivencia– con una actitud solidaria en favor de la recuperación económica del país. “Esa recuperación pasa por la unidad, la solidaridad, la disciplina y el cumplimiento de las medidas de bioseguridad”, dijo Nito el jueves ante los empresarios de la Apede.

Su principal objetivo, antes y durante la pandemia, ha sido unificar el país, soldarlo, amalgamarlo, y hacer que una y otra parte se reconozcan y trabajen juntas por Panamá. La batalla sanitaria no es solo de un sector, es de cada uno de los panameños.

Acentuar afinidades

En su poema “Los conjurados”, el argentino universal José Luis Borges describió las conspiraciones que en 1291 dividían a Europa. En ese momento los distintos feudos decidieron deponer sus pugnas. “Han tomado la extraña resolución de ser razonables/han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades”, plasmó Borges.

En Panamá hay fracturas y desequilibrios económicos y sociales. La crisis de la covid-19 y el confinamiento han puesto aún más en evidencia esos desequilibrios. Por un lado quienes conservan sus empleos a través del teletrabajo y aquellos que lo han perdido todo. Los que presa de la informalidad salen a la calle arriesgando la salud y la vida para arañar lo que sea para comer.

Nadie anticipa por cuánto tiempo más el país va a seguir asomado al abismo del coronavirus. Pero Nito está demostrando, con hechos, que su gobierno es aliado de los más necesitados y no los ha abandonado. Su gobierno no dejará atrás a nadie. Por eso actúa sin maquillar la realidad, sin buscar el aplauso fácil, con humildad, esa misma que escasea entre sus críticos oportunistas.

La economía de la postpandemia será una economía movida por el Estado, con inversión y reactivación de las obras públicas y programas para incentivar la iniciativa privada. El objetivo es recuperar el tejido productivo, reactivar paulatinamente los servicios y el comercio. Gobierno y empresarios deben comprender y acordar que sin ayuda mutua todos perderán.

No se trata de mirar para atrás, para contar los muertos, sino para adelante en el mundo de los vivos y enfrentar la pandemia económica que se desconoce qué coronavirus tendrá.

En esta hora de todos, son rescatables las palabras del rey Felipe VI al rendir homenaje hace dos semanas a las víctimas de la covid-19. “Pongamos juntos –puntualizó el monarca español–, pongamos unidos toda nuestra voluntad, nuestra capacidad, todo nuestro saber, todo nuestro esfuerzo y empeño para poder mirar hacia el futuro con confianza y con esperanza. Y hagámoslo desde el respeto y el entendimiento”.

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