Panama

Donald G. James: 'Para una transformación educativa exitosa influirá la acción de los gobiernos'

“Para transformar la educación se necesita mucho más que solo tecnología”, afirmó el exadministrador asociado de Educación de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), Donald G. James, en una entrevista con La Estrella de Panamá. Desde su hogar en California, el experto en educación, ahora retirado, comentó a este medio sus nuevos planes fuera del área gubernamental y cómo la educación tendrá que luchar por sostenerse una vez se levante la pandemia o incluso mucho antes de que esto suceda.

No son muchos los que deciden seguir inspirando y dedicándose a mejorar la vida de las personas, luego de sus años de éxito, pero para James estar fuera de las paredes de la NASA es una oportunidad para pasar sus conocimientos a las nuevas generaciones, sin límites: “Si logro inspirar a una persona a perseguir sus metas solo por mis experiencias o el lugar donde trabajé, sería una gran satisfacción”, comentó. El también economista recuerda sus pasos por la NASA como una experiencia de crecimiento, marcada por su pasión por ayudar a “resolver los problemas de los países en desarrollo”.

En 1986 ocurrió un suceso que transformó la vida de Estados Unidos y de James a la vez: el accidente del transbordador espacial Challenger explotó tras 72 segundos de despegue, causando la muerte de siete astronautas, incluida la profesora convertida en astronauta Christa McAuliffe, quien sería la cara de la educación dentro de la organización como parte de un programa que buscaría atraer a los más jóvenes a dedicarse a campos de ciencia y tecnología.

Más allá de los siniestros, al estar involucrado en el programa que llevaría a McAuliffe a una gira educativa nacional, James decidió seguir adelante y transformar en nuevas oportunidades la llegada de la astronauta que cubriría a la profesora, Barbara Morgan.

Lo que impulsó a James a mantenerse 35 años en la NASA fue la acción de un pequeño niño: “Me encontraba con Barbara en una gira nacional en colegios dando charlas sobre ser astronautas y los trabajos que se realizan en la organización, cuando en una ocasión un niño se acercó a mí al final de la presentación. Pensé que quería un autógrafo de Barbara, pero me sorprendí cuando me lo pidió a mí y dijo: “Yo sé que ella es astronauta, pero tú trabajas para la NASA y eso es genial. Mi vida cambió completamente desde ese día”.

A raíz de dicha decisión, James hizo de su meta personal inspirar a otros a incursionar en la educación, la tecnología aeroespacial e incluso, ser mejores personas. Logró ascender con el paso de los años hasta dirigir el Departamento de Educación de la organización gubernamental en 2014. “Cuando pienso en la historia de cómo logré trabajar para la NASA, me doy cuenta de que, pese a no ser el más inteligente en la organización, mis conocimientos y buenos modales me ayudaron a lograr grandes cosas”, indicó.

Transformar la educación para un mejor futuro

En vista del rumbo que ha tomado el mundo con respecto a las dificultades de estudiar en rincones donde reina la pobreza y hace falta la accesibilidad del internet, James explicó que la visión educativa no está enfocada de forma sostenible. “Al principio, muchos pensamos que la tecnología sería la gran herramienta para obtener la igualdad de recursos, esperábamos que se tuviera acceso al internet y a la información global de igual manera y que todos tuvieran las mismas oportunidades; pero pensar de esa manera en estos momentos es extremadamente ingenuo e incorrecto”, expresó. “Tenemos las mejores capacidades tecnológicas de la historia y es accesible, incluso en países en desarrollo, pero eso no se traduce en educación, sino en acceso a la información, lo que no sirve de mucho si no se pone en contexto”, dijo.

“Aunque podríamos investigar cualquier información en Google u otro buscador y aparecerán millones de resultados en segundos, eso no significa que aprendemos acerca de todos los temas que buscamos, simplemente adquirimos información”, agregó, “ahora más que nunca se necesita tener un entorno que conduzca a la posibilidad de aprender”.

Si vemos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que estamos rodeados de tecnología, y con la llegada de plataformas de videollamadas, las clases a distancia se han hecho posibles para millones de estudiantes alrededor del mundo, sin embargo, la experiencia educativa no es comparable a los detalles que la conforman sanamente en un campus, rodeado de diversas personas que también buscan aprender. “En este país tenemos una gran desventaja y un gran problema de pobreza que afecta a los niños”, indicó, “muchas veces las familias que viven en pobreza solo tienen un padre o madre en casa, y mientras la madre o el padre intentan trabajar y ayudar a los niños, a estos les será difícil tener una buena experiencia de aprendizaje. Existen muchas limitaciones sobre cómo aprendemos desde una distancia”.

“El aprendizaje proviene de una disciplina que involucra muchos factores que en algunos momentos no están disponibles en un área pobre. Aún se necesitan estructuras de distancia cercana, profesores altamente calificados y capacitados en un ambiente de aprendizaje colaborativo”, expuso.

Ahora, en medio de la pandemia y con la reapertura de los colegios aún en el horizonte, James puntualizó que no será una transición sencilla. “El aprendizaje a distancia no es lo mismo que el aprendizaje virtual o en línea. Este tipo de comunicación es buena para un entrenamiento virtual, pero a largo plazo no funcionará tan efectivamente como estar en un ecosistema colaborativo dentro de una comunidad que aprende al mismo tiempo”.

“No es suficiente ser inteligente ni tener respuestas correctas ni hacer las cosas que te ordenan o tachar todas las tareas que completamos, sino tener una manera diferente de afrontar tu carrera y tu vida a través de los modales y otros consejos que moldean nuestra perspectiva”.

“Adquirir conocimiento no es lo mismo que adquirir educación, porque fuera de contexto, la información no posee una valoración adecuada”, señaló. Esto puede verse contradictorio con la manera en la que vivimos durante el confinamiento, pero al estar acostumbrados a tener un smartphone podemos olvidar lo que realmente significa aprender.

“La tecnología abre muchas puertas de acceso a la información, pero no te convierte en una persona con educación integral”, anotó.

En el camino que requiere cumplir con el cuarto objetivo de la Agenda de Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que comprende la 'Educación de calidad', la transformación educativa debe llevarse a cabo desde dentro del sistema. “Para una transformación educativa exitosa influirá mucho la inversión de los gobiernos de las diversas naciones en la población, principalmente en la educación y el aprendizaje más que en la tecnología que quiera utilizar en ella”, enfatizó.

“Los gobiernos deben entender que esto es una inversión a largo plazo y la mejor apuesta es invertir en la población y sus capacidades”, aseveró. “Uno de los mayores problemas en nuestro país, incluso en Latinoamérica sin irnos muy lejos, es que cuando una persona se convierte en un profesional capacitado, si no encuentra empleo en su país natal tendrá que emigrar y obtener trabajo en otro país con mayores oportunidades, lo que afecta en gran manera”, asegura.

En este contexto, la priorización de inversión económica en el sector educativo y de capacitación depende de que haya una equidad porcentual de ingresos que son puestos a disposición de otros sectores como salud pública, milicia, infraestructura e innovación o la agricultura, los cuales se beneficiarán de una formación profesional mayor para su desarrollo y crecimiento en un futuro.

“Ahora, no me refiero a enviar miles de panameños a estudiar al extranjero, para al regresar darse cuenta de que aún no existen las plataformas para que desarrollen aquello para lo que fueron formados y capacitados en otro país”, determinó, “es entonces cuando el emprendimiento es una herramienta clave, pero no todos podrán desarrollarla de manera que represente un beneficio real a escala país”.

Bajo una dirección adecuada en la potenciación de la educación y el aprendizaje dentro de países como Panamá, la recepción de jóvenes de otras naciones podría aumentar y dar un prestigio de largo alcance. “El objetivo debe ser transformar las instituciones educativas panameñas de tal manera que estadounidenses, europeos u otros jóvenes extranjeros se sientan atraídos a estudiar en el país, porque presenta una mezcla de culturas que no afecta la enseñanza, pero permite una mayor hospitalidad y desarrollo del aprendizaje que luego podrán aplicar en sus respectivas naciones de forma traducible y viable en sus propias culturas”, explicó el experto en educación.

“El reto de los países en estos momentos es potenciar su capacidad de entrenamiento para la población y darles las herramientas necesarias”, comentó, “pero, también debemos estar conscientes de que si les damos todas las herramientas a los jóvenes, pero la capacitación es de bajo nivel todavía, no lograrán desarrollar ideas o planes que podría representar un verdadero cambio social”.

“Debe haber una intención más allá de lo suficiente para tener una mano de obra fortalecida y capaz que ayude a la sostenibilidad del país”.

Para lograr una sostenibilidad educativa y laboral durante y después de la pandemia, los gobiernos deben comprender su rol decisivo en la potenciación de talento humano, así como la correcta formación en carreras y conocimientos necesarios para aumentar la empleabilidad de profesionales. “Debe haber una intención más allá de lo suficiente para tener una mano de obra fortalecida y capaz que ayude a la sostenibilidad del país. Y en un futuro podría ser que aunque los profesionales no encuentren empleabilidad establecida en una sociedad, sean capaces –porque fueron entrenados– de crear sus propias empresas y puestos de trabajo con creatividad y visión”, concluyó.

El propósito de inspirar a los demás

Tras pasar gran parte de su infancia viajando a diferentes continentes desde África hasta Asia y Europa debido al trabajo de su padre, James creció con una gran fascinación por la aviación, la diplomacia y las relaciones interpersonales, así como hacia el servicio a la comunidad. Sus experiencias personales, ligadas a su vida profesional, han tejido las páginas de su primer libro, titulado Los modales te llevarán donde el dinero y la inteligencia no podrán: Sabiduría de mamá y 35 años en la NASA (Manners will take you where brains and money won't: Wisdom from Momma and 35 years at NASA, original en inglés).

La publicación –cuyo lanzamiento está programado para finales de este año– contará con 14 capítulos en los que James detalla y desglosa historias de su vida, enseñanzas desde su infancia y obstáculos superados con los que espera inspirar a las nuevas generaciones a tomar en cuenta la forma en la que interactúan y su impacto directo en los resultados que obtienen.

“Mi madre era una profesora de inglés y francés que nació en Georgia, y lo que mi hermano y yo más recordamos es que era muy estricta con los modales y cómo debíamos dirigirnos hacia otras personas, lecciones con las que crecimos”, recordó. “Si quieres llegar a ser alguien en la vida necesitas tener buenos modales, eso es más importante que ser muy inteligente o tener grandes cantidades de dinero, solía decirnos. Nunca aprecié ese consejo hasta que llegué a una gran promoción en la NASA y me di cuenta de que la razón por la que fui exitoso en mi carrera fue mi acercamiento amable y considerado con los demás, más allá de mis conocimientos o inteligencia”.

A través de la integración de lecciones maternales y experiencias adquiridas durante más de tres décadas en la NASA, James dirige su atención a las personas jóvenes que están empezando una carrera, enfocando su mensaje en transmitir que “no es suficiente ser inteligente ni tener respuestas correctas ni hacer las cosas que te ordenan o tachar todas las tareas que completamos, sino tener una manera diferente de afrontar tu carrera y tu vida a través de los modales y otros consejos que moldean nuestra perspectiva”.

“Si no mostramos interés genuino por las personas, nunca sabremos si ellas tienen algo que puedan enseñarnos, ayudarnos o impulsarnos hacia una dirección mucho mejor que en la que estamos actualmente”, destacó.

Además, “trabajar en nuestra parte humana, luchando contra nuestro ego y bajando de un pedestal imaginario nos hará ser mejores al aprender el oficio al que nos dedicamos, sea cual sea la rama o el objetivo”.

Al preguntarle sobre su legado y lo que le gustaría dejar en la historia, James, de 63 años, respondió: “Mi propósito en la vida es dar. Doy a mi familia, a mi comunidad, a mi país y a mí mismo. Es importante darnos a nosotros mismos. No sé cuánto tiempo me quede en el mundo y tenemos aún muchos problemas por resolver. Entre el cambio climático y la crisis sanitaria por la que estamos atravesando –que ha afectado a mi país por encima de cualquier otro– me siento obligado a saber que hice todo lo que pude hacer para que mis nietos crezcan en un mejor lugar. No estoy seguro de que lo estemos logrando, pero no es excusa para no seguir intentándolo”.

La trayectoria del escritor, economista, padre y profesional se acentúa en la dirección de un departamento que vela por la inclusión, integración y potenciación de la educación para jóvenes, con el objetivo de formar mejores profesionales, que a la vez sean mejores personas.

Y recordó: “Tuve muchos privilegios en mi crianza, pero mis raíces afroamericanas han significado sobrellevar grandes retos, sin embargo, todo lo que he aprendido me ha hecho la persona curiosa, apasionada y entregada que soy con la sociedad. Espero transmitir eso a diferentes personas a través de mis escritos, sin hacer distinción de sexo, religión, estrato social o cultura, porque los modales y la educación son elementos universales”.

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