Nicaragua

Alguien que no sabe razonar desbarra

Humberto Belli escribió en La Prensa del primero de marzo 2021, un artículo de opinión que tituló “realismo brutal”. Desde hace unos meses, Belli escandaliza a la opinión pública con propuestas políticas claudicantes hacia la dictadura, por un procedimiento que él llama realismo brutal.

Obviamente, Belli, como veremos, es alguien que carece de un método racional de toma de decisiones, por falta de formación científica elemental. El realismo es una cosa y la brutalidad es otra. Cuando ambas se combinan, es la brutalidad (al alcance de cualquier tonto y haragán) la que se disfraza de realismo.

Para interpretar la realidad se requiere de una teoría que comprenda las características esenciales, en el campo específico de estudio de dicha realidad y de sus leyes de transformación y desarrollo.

Sin teoría alguna, Belli afirma, como especulador redomado, que “nunca ha sido fácil ser realista. La realidad -insiste Belli- muchas veces es enojosa, decepcionante, contraria a nuestras expectativas”.

¡No faltaba más que la realidad fuese favorable a las expectativas contradictorias y excluyentes de cada quien! Esta apreciación subjetiva extrema es un disparate absurdo. El desarrollo del conocimiento humano se orienta a comprender cada vez más la realidad objetiva, a fin de transformarla de acuerdo a sus propias leyes intrínsecas, desde una perspectiva humana. Ser realista significa hacer uso del conocimiento científico, donde aplica la ciencia en la toma de decisiones, y la experiencia y el buen juicio metódico donde reina la incertidumbre.

“Uno puede tratar de cambiarla –dice Belli-, pero no sin antes haber analizado bien las posibilidades prácticas de hacerlo y sopesando con serenidad —con realismo— los costos y beneficios del camino elegido”.

Belli, seguramente sin la más mínima formación lógica, opina sobre una abstracción (la interrelación del ser humano con la realidad) desde una óptica individual, subjetiva: lo que uno (cualquier sujeto concreto) puede o debe hacer. Y al realismo le llama serenidad (que es una cualidad espiritual más afín al estoicismo). Y piensa que realismo sea sopesar los costos y beneficios del camino elegido para cambiar la realidad.

Lo importante es cómo se escoge un camino para cambiar la realidad. En esa escogencia no sólo hay consideraciones técnicas, sino, intereses contradictorios. Antes de llegar a un análisis de costo beneficio cualquiera inicia con un análisis de factibilidad técnica de la transformación propuesta. ¿Por qué? Porque toda transformación de la realidad requiere un conocimiento metodológico (técnico) de las leyes que rigen los cambios posibles en la realidad. Luego, el análisis de costo beneficio depende de los intereses que defiende quien hace el análisis. Lo cual, es parte esencial de la contradicción que encierra la realidad a transformar (en sentido progresivo o retrógrado). El costo beneficio con que Ortega ve cualquier cambio en la realidad es diametralmente opuesto al del ciudadano víctima de la dictadura.

Es en un campo muy limitado de la existencia en el cual la toma de decisión depende de un análisis de costo beneficio. Los médicos que atienden la pandemia con un elevado riesgo de perder la vida, por ejemplo, acuden a principios humanos que nada tienen que ver con análisis de costo beneficio. Los voluntarios para probar la efectividad de las vacunas, igual, e via dicendo, para los luchadores por la libertad.

“Hay unos –dice Belli- que, so pretexto de ser razonables, ven más negras de lo que son realidades, sacrificando así auténticas posibilidades. Hay otros que son idealistas que quieren enderezar los entuertos. La sabiduría está entre los dos extremos”.

¡Esto es el colmo de la irracionalidad! Al justo medio entre el pesimismo y el optimismo se le llama sabiduría. Hay que ser pesimistas, u optimistas, según el caso, cuando un análisis científico de la realidad concreta induzca a tal o a cuál conclusión. Para un enfermo terminal no hay justo medio, para alguien que debe cerrar una empresa, o que debe internacionalizarla, tampoco hay justo medio. Ninguna decisión se toma por el justo medio. Hay decisiones extremistas necesarias según las circunstancias.

Se pregunta Belli: “¿Es concebible, legítimo, moral, buscar un arreglo con ellos (con quienes han cometido semejantes crímenes) que permita democratizarnos, pero cediéndoles espacio para que coexistan pacíficamente con la oposición, sin rendir cuentas de sus delitos?”.

En situaciones de emergencia la pregunta es sobre arreglos inevitables, no sobre arreglos morales o legítimos. Y responde Belli a su pregunta: “Aquí es donde los nicaragüenses debemos ejercer un realismo brutal. Quedan pues tres escenarios: el primero es el detestable acomodo político (con Ortega); el segundo es caer en una situación similar a la venezolana; el tercero es la guerra. Hay que buscar el menos malo”.

Ya Belli se salió del justo medio, ahora va por el resultado menos malo. Y nos dice que hay que escoger el acomodo con Ortega, añadiendo de mala fe que ello permite democratizarnos. El análisis de escenarios no es plantear resultados alternativos en el futuro, para escoger uno a voluntad, como se escogen platillos en un restaurante. De modo que, así, se podría escoger el platillo menos malo, como piensa Belli que desconoce la teoría de la toma de decisiones.

La realidad evoluciona de manera no determinista, en procesos gobernados por la incertidumbre. Se analizan variables decisivas, a las que con un conocimiento especializado se le asignan valores con distintos grados de probabilidad, y se juzga sus efectos sobre nuestros objetivos. Si la libertad es nuestro objetivo, no se puede abandonar el objetivo por un escenario menos malo. Obviamente, si se abandona el objetivo hay un disparate mal intencionado en el planteamiento de escenarios. La estrategia busca que, con enfrentamientos contra la estrategia contraria, aumente la probabilidad de determinado valor de una variable decisiva que lleve a un escenario más favorable a nuestros objetivos. Los escenarios sirven para decisiones de lucha táctica, no para satisfacer gustos del paladar como cree Belli. Si resulta inevitable abandonar nuestros objetivos a ello se le llama derrota, no realismo brutal. Es decir, sólo se abandonan los objetivos cuando se es derrotado estratégicamente.

La guerra civil es resultado de la exacerbación de un conflicto político y social, una mezcla de contradicciones objetivas irreconciliables y de cambios bruscos en la conciencia de los distintos sectores sociales, no es una selección voluntaria, subjetiva, terrorista (como si alguien decide tomarse un café y comprar, de paso, AK y fusiles de francotirador como dice Belli, que no sabe nada de la guerra).

“Lo ideal –dice Belli- sería medirnos con ellos (los orteguistas) en elecciones, derrotarlos, llevarlos a juicio, encarcelarlos y quitarles todos sus bienes mal habidos”.

La falta de raciocinio lleva a Belli a disparate tras disparate. En la vida material no hay alternativa ideal, confundiendo por ideal los deseos infantiles. Un ideal es una representación mental de la realidad, como aproximación a un modelo perfecto. En política, en las ciencias, y en la naturaleza, la perfección no existe (sólo en béisbol). En la toma de decisiones alguien que hable de alternativa ideal seguramente endosaría el capirote de los faltos de entendimiento. Toda decisión debe ser metódica, no ideal.

El argumento de Belli es que visto que no hay alternativa ideal, se debe escoger el menor costo posible, algo que –según dice- “repugna instintivamente nuestro sentido de justicia, pero, que permita democratizarnos, escoger acomodos políticos que algunos hemos planteado como posible vía para evitar peores escenarios, cediéndoles espacio a los torturadores y los tiranos para que coexistan pacíficamente con la oposición, sin rendir cuentas de sus delitos”.

Es inútil decirle a Belli que los ciudadanos, bajo el gobierno de torturadores y de tiranos corruptos, no coexisten pacíficamente, y que si alguien no rinde cuentas por sus delitos seguirá aumentando sus cuentas de delitos. Y que tal alternativa no es el menos malo de lo que él llama escenarios, sino, la decisión más miserable. No es, siquiera, una alternativa sostenible. No es más que un disparate irracional, si no es producto de una derrota decisiva. Cualquier cosa distinta a la lucha por la libertad es una carencia de alternativa a la dictadura. Hay un vicio de razonamiento en Belli a favor de la dictadura.

“Quien vea otra alternativa mejor y realista, que la explique”, concluye Belli. Su alternativa ni es la mejor, ni es realista. Debió preguntar si existe alguna alternativa, porque coexistir con la dictadura no es alternativa, sino, una claudicación.

Pero, si Belli fuese político preguntaría más bien ¿cuál es la estrategia combativa? Hay que hablar de estrategia, no de alternativa. Entonces, habría que ver, a partir de la situación política actual, cuál es la tendencia más probable de desarrollo de la realidad, para infligirle derrotas tácticas a Ortega, en esas coyunturas, que lo debiliten decisiva e ininterrumpidamente. La lucha contra la dictadura es una necesidad humana, no una opción, y las batallas decisivas aún están por venir.

Ingeniero eléctrico

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