El historiador Sergio Villalobos abrió un nuevo frente de batalla en el conflicto indígena hace pocos días con la publicación de una carta suya en El Mercurio, en donde el Premio Nacional de Historia (1992) califica el mapuzungún como una “lengua moribunda” en desmedro de otros idiomas más prácticos como el chino mandarín. “Se está proponiendo la enseñanza del idioma autóctono, sin comprender que se trata de una lengua moribunda que poquísimos hablan. Se puede recorrer La Araucanía por todos los rincones y es difícil encontrar a alguien que entienda unas cuantas palabras. Se nota el propósito de no parecer indígenas y ser tenidos por chilenos comunes y corrientes. La verdad es que desde el siglo XVIII son mestizos bastante asimilados al ser chileno”, decía uno de los párrafos del historiador.

Si bien a muchos no les sorprende el estilo incendiario del autor de “Pequeña historia de Chile”, la misiva fue motivo de diversas réplicas en medios. Entre ellos, y desde Argentina, el antropólogo Luis Campos reaccionó desde un encuentro sobre la reemergencia indígena y la reivindicación de sus elementos culturales al texto de Villalobos.

Considerando que no es correcto hablar del mapuzungún como una “lengua moribunda”, Campos advierte que se trata de una lengua que mantiene aún una cantidad alta de hablantes y además se encuentra en pleno proceso de recuperación. “Hay diccionarios que se han hecho, existe también un trabajo importante que hace la academia en torno a la lengua mapuche como la edición de poesía escrita en mapuzungún. También se está trabajando y potenciando esto a nivel de la formación en educación estructural bilingüe”.

Agrega que existen lenguas que se ha intentado recuperar con bastantes menos hablantes de lo que tiene el mapuzungún y que, además, hay mucha gente que, aunque no lo habla, lo entiende o ha sido formada en esta lengua conociendo su estructura lo que hace más sencillo recuperarla en caso de determinarlo así. Existen instancias como los “nidos de lenguas”, donde se lleva a niños pequeños a que vayan y convivan con personas mayores que hablan la lengua, de manera que puedan aprender en términos del contexto y el uso cotidiano, más que en una clase formal. “Una lengua, en la medida que es demandada y necesaria, será siempre una lengua que estará viva”, señala el investigador del Centros de Estudios Interculturales e Indígenas, CIIR.

Sobre el origen de esta polémica, el antropólogo sugiere que la visión de Villalobos “respalda una postura muy eurocéntrica” que históricamente ha sido parte de su producción académica. “No entiende cómo se ha dado el proceso de reemergencia indígena y no entiende que los mapuches son un pueblo distinto. Villalobos se plantea siempre desde la lógica de lo que es el Estado Nación chileno y lo que vendría siendo una cultura chilena, pero en ese proceso él reconoce completamente a los otros indígenas y entre ellos a los mapuches. Ha hablado peyorativamente no sólo de los mapuches sino también de los rapanui y prácticamente de todos los pueblos originarios que hay en Chile y ha hecho comentarios que no son adecuados”, critica el profesor de la carrera de antropología de la UAHC.

Cosas de la edad

Cree que “cuando Villalobos habla de ‘chilenos que se han civilizado y que han incorporado las pautas de la cultura occidental y que por eso dejaron de ser mapuches’, está incurriendo en un error que tiene que ver con su posición teórica y su formación. Claramente él levanta una posición que corresponde más al siglo XIX y es ahí donde tiene su comunidad de diálogo y desde donde saca sus fundamentos, pero evidentemente ya no es una posición correcta porque las ciencias sociales, la antropología y la forma de entender el proceso de los pueblos indígenas desde la historia también han cambiado. Tiene un poco que ver también con la edad que él tiene y que se ha mantenido en una posición tozuda en relación a la defensa de la identidad nacional”.

Campos destaca que ninguno de los últimos Premios Nacionales de Historia comparte este tipo de afirmaciones, lo cual refleja esta evolución cultural dice sobre académicos como Gabriel Salazar, Jorge Pinto, Lautaro Núñez, Julio Pinto y Sonia Montesinos. “Ellos están en una posición completamente distinta y eso apunta a que, quien está equivocado, y no hay que darle mucha tribuna, es precisamente el señor Villalobos”, reafirma.

¿Cómo cree que se inscribe esta controversia en el debate académico y político sobre las reivindicaciones de los pueblos originarios de la región?
-Creo que es un deber del Estado trabajar con lenguas como el mapuzungún y tiene que ver con los convenios que se han firmado, con la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU, tiene que ver con una demanda permanente de ellos, como el Rapanui, Aymara, Yaganes e incluso pueblos cuyas lenguas se pensaba que habían desaparecido. Estos pueblos desean que se recupere lo que para ellos es un patrimonio importante como la constitución de su cultura. El reconocimiento de la lengua tiene que ver con un universo distinto, una forma distinta de conceptualizar el mundo y con un derecho de autonomía y de recuperar aquello que, producto de los derechos de colonización les fue quitado a muchos pueblos originarios. Acá hay que entender que la gente no perdió la lengua porque fuera mala o porque no permitiera hablar de cosas abstractas como plantea el señor Villalobos. Todo eso tiene que ver con el reconocimiento de los derechos indígenas, la autonomía y lo que significa recuperar lo que fue extirpado, enajenado, secuestrado y prohibido por los procesos de colonización que evidentemente ya no están vigentes o al menos deberían estar menos vigente de lo que estaban en los tiempos en que el señor Villalobos funda su marco teórico.