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Chile

El arquitecto que modeló su gran sueño

Sólo un par de días después del terremoto que afectó al país el 2010, el arquitecto Alejandro Aravena (51) recorría en helicóptero Constitución para ver el daño que dejó el tsunami en las viviendas.

Su viaje tenía un propósito. Su empresa, Elemental, y un equipo de consultores se habían reunido para crear un plan de reconstrucción tras ser patrocinado por la empresa forestal Arauco.

Justamente la visión social del académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, lo hizo saltar a la fama tras ganar el prestigioso Premio Pritzker en el 2016 , considerado el Nobel de arquitectura, por sus proyectos de casas accesibles para personas de escasos recursos.

Fue gracias a un curso que Alejandro Aravena impartió como profesor en la Universidad de Harvard que surgió el concepto de hacer una casa pequeña con la opción de ser ampliada por sus propietarios.

En una entrevistada dada a The Clinic resumió su idea: “Cuando no alcanza la plata, en vez de hacer una casa chica, es mejor hacer la mitad de una casa buena, para que la gente la termine”.

Por su gran trabajo, el mismo 2016 fue reconocido como uno de los 28 genios creativos por medios como The New York Times.

El hijo de profesores y padre de tres retoños jamás se mareó con sus reconocimientos. En una entrevista a La Tercera, tras recibir el premio, indicó que “el comentario más común que me llega cuando hay un premio o algo es el del portero del edificio, o del señor del quiosco, que comentan que seguimos igual. Y eso me parece que está bien”.

Aravena, que diseñó edificios como la Facultad de Matemáticas de la UC, con la que ganó la Bienal de Arquitectura de Santiago en 2002, sumó en estos días un nuevo reconocimiento a su trabajo. Esta vez el galardón es el Premio RIBA Charles Jencks de Londres.

De acuerdo con la página web del Royal Institute of British Arquitects (RIBA), el galardón busca recompensar a una persona que haya hecho una gran contribución en lo arquitectónico tanto en la teoría y en la práctica.

A través de un comunicado, el Presidente del panel de jueces del Premio RIBA Charles Jencks y Director de Educación de RIBA, David Gloster, detalló que “Alejandro Aravena combina un astuto compromiso social con una expresión formal convincente. Ha recalibrado las tipologías de construcción en todo el paisaje arquitectónico y ha hecho que el mundo reconozca el sur global”.

Pero el laureado arquitecto también tuvo una etapa en que no quiso saber nada de su profesión. En los noventa, se aburrió de la arquitectura y por un par de años se dedicó a su propio bar, el Bar Sin Nombre, en Ñuñoa. Esto, hasta 1997, cuando se reencantó.

El oriundo de Santiago marca diferencias en el mundo.  Y todo gracias a su concepto de equidad en la arquitectura.

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