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Los presidenciables y el colapso del sistema

Los presidenciables y el colapso del sistema
Basta una mirada no muy exhaustiva a las fuerzas partidarias que respaldan las candidaturas presidenciales más competitivas para entender que esta elección es la muestra viviente del colapso del sistema de partidos heredado de la transición. La pasada “mega-elección” del 15 y 16 de mayo, así como también las primarias del 18 de julio, hizo añicos la política de la transición y las elecciones del próximo 21 de noviembre muy probablemente agudizarán dicha tendencia. El clima de opinión que se está instalando en la agenda es que llegarían al balotaje los candidatos Gabriel Boric y José Antonio Kast. ¿No sería un escenario como este la más plena representación de dicho colapso?

A exactas cuatro semanas de la elección presidencial y parlamentaria del 21 de noviembre del 2021, resulta adecuado revisitar la íntima conexión que existe entre las candidaturas presidenciales que tendrían alguna chance de disputar la segunda vuelta en diciembre y los dramáticos cambios sucedidos en el sistema de partidos, especialmente desde el acontecimiento del 18-O.

Basta una mirada no muy exhaustiva a las fuerzas partidarias que respaldan las candidaturas presidenciales más competitivas para entender que esta elección es la muestra viviente del colapso del sistema de partidos heredado de la transición.

Antes de abordar esta tesis, es bueno recordar el clima de opinión construido en la previa de las elecciones presidenciales y parlamentarias del 19 de noviembre de 2017, las cuales establecían el pleno favoritismo del representante de Chile Vamos, Sebastián Piñera, quien se alejaba bastante de la carta de continuidad del fracasado proyecto de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, y aún más de la representante del Frente Amplio, Beatriz Sánchez. En aquella oportunidad, la carta DC Carolina Goic tampoco lograba prender en las encuestas y el independiente de derecha y ex UDI, José Antonio Kast, parecía ser incapaz de superar el margen de error.

Demos un ejemplo de interés apelando a la sincronía de los tiempos políticos y electorales. El 25 de octubre del 2017, la encuesta CEP otorgaba a Piñera un 44%, Guillier 19%, Sánchez 8% y Kast un 2%. El “oráculo de la política chilena” daría cuenta de su incapacidad de comprender el cambio de tendencias que se registraba a nivel estructural, y que tenían que ver por sobre todo con un resquebrajamiento de la lógica de reparto duopólico del poder. Los síntomas más significativos de este resquebrajamiento se expresaban fundamentalmente en la disruptiva aparición del Frente Amplio como tercera fuerza política y, por otro lado, la inquietante aparición de una carta de extrema derecha con potencial proyección política y electoral.

En la primera vuelta del 19 de noviembre del 2017, Piñera alcanzaría un 36%, Guillier 22%, Sánchez 20%, Kast 7%. A pesar de estas importantes modificaciones en el plano electoral-presidencial, pasaron a segunda vuelta las cartas herederas del reparto duopólico del poder, Piñera y Guillier. Ya sabemos el final de este capítulo. Piñera retornó a La Moneda en marzo del 2018.

Esta reconstrucción del escenario electoral de fines del 2017 no es antojadiza, ya que tiene como objetivo fundamental entender el efecto que provocará el Estallido de Octubre en el sistema de partidos heredado de la transición, esto es: intensificar su descomposición hasta llevar la “lógica de los consensos” al colapso.

La pasada “mega-elección” del 15 y 16 de mayo, así como también las primarias del 18 de julio, hizo añicos la política de la transición y las elecciones del próximo 21 de noviembre muy probablemente agudizarán dicha tendencia.

La distribución pluralista de las fuerzas políticas y sociales que llegó a la Convención Constitucional, donde todas ellas mantienen una posición minoritaria, es todo lo contrario a la lógica de los consensos observada durante todo el proceso transicional. En esta nueva estructura, ya no son ni la derecha ni la ex Concertación las que dominan. Todo lo contrario, pareciera adquirir un cierto predominio fundamental aquella tercera fuerza que había irrumpido el 2017, el Frente Amplio.

Tendencias similares se expresaron en las primarias presidenciales del 18 de Julio, donde no sólo la candidatura de Gabriel Boric se impuso a la de la carta del Partido Comunista, Daniel Jadue, sino que también, entre ambas votaciones superaron largamente al total acumulado por los representantes del oficialismo, donde se impuso el candidato por el que había apostado el gobierno de Sebastián Piñera, Sebastián Sichel.

En el transcurso de los últimos tres meses, no sólo se ha generado en tiempo récord el reglamento general de la Convención Constitucional para iniciar el “debate de fondo” iniciado en el segundo aniversario del 18 de Octubre, sino que también, se han consolidado cuatro candidaturas con posibilidades reales, aunque desiguales, para pasar a segunda vuelta.

Hablamos de les candidates de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, de Nuevo Pacto Social, Yasna Provoste, de Chile Podemos Más, Sebastián Sichel, y de Republicanos, José Antonio Kast.

El clima de opinión que se está instalando en la agenda es que llegarían al balotaje los candidatos Gabriel Boric y José Antonio Kast.

¿No sería un escenario como este la más plena representación del colapso del sistema de partidos heredado de la transición?

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