Tras la amenaza militar, la amenaza económica: China anuncia un plan de desarrollo de la metrópolis de Shenzhen, interpretado como una manera de arrojar sombras sobre la vecina Hong Kong, donde prosiguen las manifestaciones en protesta contra la influencia de Pekín.

Situada a las puertas de la excolonia británica, Shenzhen es considerada una buena alumna a los ojos del régimen comunista, en comparación con Hong Kong, donde centenares de miles de personas desfilaron el domingo para denunciar al ejecutivo pro-Pekín.

El Gobierno chino adoptó ese mismo día una directiva cuyo objetivo es hacer de Shenzhen un escaparate del “socialismo a la china”, al que quiere hacer figurar en 2025 “al tope entre las ciudades del mundo, en términos de poder económico y calidad de desarrollo”.